Resistencia civil irracional
Resumen
La eficacia del pico y placa no depende solo de la norma, sino de comprender su sentido y promover una cultura ciudadana que reduzca la evasión y mejore la convivencia.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Por: Rodrigo González Márquez*
La medida del pico y placa nació en la capital del país con un objetivo claro y medible: darle solución a la congestión vehicular. A partir de este objetivo se desprenden efectos esperados nobles y estratégicos como aminorar tiempos de desplazamiento, disminuir daños ambientales, y en general hacer una ciudad eficiente, amigable y a la vanguardia. Décadas después, el análisis de la implementación permite pensar que no se ha cumplido con la apuesta.
Varias ciudades han tomado el modelo como referencia, entre ellas Bucaramanga y el área metropolitana, donde la implementación ha sido juiciosa, tanto en la medida restrictiva como en los resultados. Sin entrar en estudios rigurosos, la percepción respecto a la “solución a la congestión vehicular” no es alentadora. En algunos horarios especialmente, Intentar transportarse desde el centro de Bucaramanga hasta Piedecuesta (recorrido de 8 kilómetros aproximadamente) puede llevarnos más de una hora, eso sí, contando con un escenario que excluya vehículos detenidos por averías mecánicas, colisiones, lluvia, eventos públicos, o incluso actividades que debemos impulsar como el deporte.
Más allá del cumplimiento del objetivo principal, quiero centrar el análisis en las causas. Si la implementación se diera en un espacio controlado, cual laboratorio en búsqueda de nuevas soluciones de medicamentos o procedimientos de salud, en el que variables que intenten sabotear no fuese posible, en el que los actores cumpliesen a cabalidad las normativas vigentes, se podría pensar que la medida no tendría problemas para alcanzar el objetivo inicial trazado. Lamentablemente, en el mundo real las variables son incontrolables desde lo institucional; por más normativa existente, la voluntad personal impera, la responsabilidad desde lo ético y la moral social recae directamente en quien utiliza las vías urbanas.
Así las cosas, las estratagemas para evadir responsabilidades son tan variadas como ingeniosas: compra de carro o moto adicional, uso de plataformas que indican donde hay puestos de control, hasta trámites de permisos de exención de la norma, en algunos casos de forma irregular como se ha venido denunciando por actores sociales. ¿Por qué nos cuesta tanto ceder el espacio y comodidad personal en favor de lo público? La resistencia al orden se naturaliza por la falta de conciencia de los objetivos primarios del contrato social. Por eso Hobbes optó por una figura como el Leviatán que impusiera control y así garantizar la convivencia a partir de las buenas maneras. Desde que nacemos nos inculcan la obligatoriedad de cumplir con las normas, del imperio de la Ley, pero poco nos enseñan los “porqués”, las causas, la necesidad que llevó a la redacción de lo que dicen los códigos.
Tal vez la apuesta debe ser por la sensibilización de esas causas. La comprensión del núcleo problemático, entender que las conflictividades no nacen de manera natural sino por las dinámicas propias de la interacción humana, del roce entre seres, puede apuntar a esa conciencia; a que logremos transitar de la “resistencia natural”, a la comprensión racional de las medidas impuestas, y en ese momento tomar decisiones más allá de “estar cumpliendo una orden” a algo más cercano como “entiendo lo que la norma quiere atender para evitar fallas en la convivencia”. Esta reflexión no apunta a abstenerse a la resistencia, pues la configuración normativa debe atender también a las observaciones ciudadanas; si una norma esta “desfasada” o “desarticulada de la realidad”, siempre deberá ser viable la discusión y el diálogo para la reconfiguración de la misma. El punto es el cambio de paradigma a fin de viabilizar una relación norma-conciencia-razón-acción, y no caer en la intención automática de desobediencia civil irracional. Así, algún día logremos reducir los tiempos de tránsito, bajar los niveles de contaminación, catapultar nuestra área metropolitana a un territorio “amigable”, todo con base en una cultura ciudadana de convivencia y paz.
Memento Mori: “nunca atribuyas a la malicia lo que puede explicarse adecuadamente por la ignorancia” frase de la navaja de Hanlon traída a nuestros tiempos
* Exdefensor Regional para Santander y Magdalena Medio. Docente y Consultor en manejo de conflictos
X: @rodrygonzalezma