Saldrá de prisión con los pies por delante: esta es la historia del párroco que drogaba, violaba y grababa a sus feligresas
La Fiscalía española pide 72 años de prisión para un sacerdote de Málaga acusado de sedar, violar y grabar a varias mujeres entre 2014 y 2018.
La Fiscalía española pide 72 años de prisión para un sacerdote de Málaga acusado de sedar, violar y grabar a varias mujeres entre 2014 y 2018.
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Un estremecedor caso de presuntos abusos sexuales sacude a España y vuelve a poner bajo la lupa a la Iglesia católica, luego de que un sacerdote de la diócesis de Málaga fuera llevado a juicio acusado de sedar, violar y grabar durante años a varias mujeres de su entorno más cercano mientras ejercía como párroco y director espiritual.
La Fiscalía española solicita 72 años de prisión contra Francisco C. V., conocido como el “padre Fran”, señalado de haber abusado sexualmente de al menos cuatro mujeres entre 2014 y 2018, utilizando presuntamente sustancias como éxtasis líquido para dejarlas en estado de indefensión antes de atacarlas sexualmente y registrar los hechos en fotografías y videos.
El caso, que ha generado indignación y repudio en España, salió a la luz gracias al hallazgo realizado por la entonces pareja sentimental del sacerdote, quien encontró un disco duro externo oculto en la casa parroquial donde convivían en Melilla.
La mujer relató ante la Audiencia Provincial de Málaga que al conectar el dispositivo encontró carpetas clasificadas minuciosamente con imágenes y videos de mujeres aparentemente drogadas y vulnerables.
“Recuerdo cada imagen, tengo pesadillas cada noche”, declaró entre lágrimas la testigo durante el juicio, en medio de una audiencia marcada por el horror de los detalles conocidos hasta ahora.
Según el escrito de acusación de la Fiscalía, el sacerdote grababa y fotografiaba a las víctimas en diferentes poses mientras las sometía a agresiones sexuales. Las investigaciones sostienen que el cura penetraba a las mujeres con sus dedos y con su pene por vía vaginal, anal y oral mientras ellas permanecían sedadas o incapaces de reaccionar.
Una de las víctimas habría sido atacada en una vivienda perteneciente al Obispado de Málaga, donde el sacerdote presuntamente la drogó antes de grabarla semidesnuda y manipular su cuerpo frente a la cámara.
La Fiscalía también sostiene que el religioso realizaba grabaciones ocultas de las mujeres en espacios cotidianos, incluyendo playas y momentos de convivencia privada, aprovechando la relación de confianza que mantenía con ellas.
Otra de las denunciantes había desarrollado una estrecha cercanía con el sacerdote tras la muerte de su padre. Según la acusación, el cura se aprovechó de esa vulnerabilidad emocional para someterla sexualmente y grabar los abusos.
El caso tomó aún más fuerza luego de conocerse que el sacerdote habría mantenido relaciones sentimentales mientras continuaba ejerciendo funciones religiosas y liderando parroquias en distintas localidades de Málaga y Melilla.
La exnovia del sacerdote también denunció durante el juicio que intentó advertir a las autoridades eclesiásticas sobre lo encontrado, pero asegura que fue ignorada. “Me sentí desamparada por la Iglesia”, afirmó ante el tribunal.
Francisco C. V. permanece en prisión preventiva desde septiembre de 2023 y enfrenta cargos por cuatro delitos de abuso sexual con penetración, cuatro delitos de lesiones y cuatro delitos continuados de revelación y descubrimiento de secretos.
La Fiscalía pidió además que cada una de las víctimas sea indemnizada con 300.000 euros debido a las secuelas psicológicas y emocionales derivadas de los presuntos ataques. En medio del escándalo, la diócesis de Málaga anunció que estaría dispuesta a colaborar económicamente en la reparación a las víctimas si el sacerdote resulta condenado, incluso en caso de que la Iglesia no sea declarada civilmente responsable por los tribunales.
La historia del llamado “padre Fran” ha generado una profunda conmoción debido a la imagen pública que proyectaba dentro de la Iglesia. Nacido en Vélez-Málaga en 1990, hijo de una exmonja de clausura, el sacerdote había construido un discurso centrado en la cercanía pastoral y el acompañamiento espiritual.
Fue ordenado sacerdote en 2017 y ejerció en parroquias de Álora, Carratraca y Ardales antes de ser trasladado a Melilla como capellán de prisión y párroco.
Hoy, el hombre que predicaba sobre fe, comunidad y cercanía enfrenta uno de los procesos judiciales más escabrosos conocidos recientemente dentro de la Iglesia española, mientras las víctimas intentan reconstruir sus vidas después de años marcados por el miedo, el abuso y el silencio.