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Resumen

El poeta Lácides critica la comercialización absurda de la felicidad y descubrimiento de que, aunque la amistad parece inquebrantable, las prioridades personales inevitablemente alteran cualquier proyecto en común.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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by Claudio Valdivieso
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Cada uno se las ingenia a su manera para que los encargos del destino lleguen a las coordenadas de su propósito con éxito, sin que nada ni nadie interfiera en ellos. Los encargos del alma, lamentablemente, poco llegan a domicilio en motos de mensajería; mucho menos están exhibidos en las vitrinas del comercio donde se ofertan las mejores elecciones y lecciones de vida: felicidad, amor y sueños. Suele suceder que el terco destino a veces nos lleva la contraria solo para demostrarnos que él hace lo que se le dé la gana con nosotros, dijo el poeta Lácides.

El poeta, extrañado de la masiva sociedad de consumo, de la publicidad y del comercio de sueños absurdos, fue redirigido a dedicarle tiempo, letras y estrategias a este asunto. Efectivamente, en su proyecto del comercio de sueños y de la felicidad, Lácides encontró millones de campañas publicitarias, mensajes, imágenes y videos invitando al consumo de la felicidad. Realizó una encuesta a sus amigos, enamorados, enemigos y traidores, entre otros. Les preguntó: ¿Alguna vez han comprado paz y tranquilidad? 

Ambicioso, después de encontrarse con las decepcionantes estadísticas, se le ocurrió empapelar la ciudad repartiendo volantes y fijando afiches en postes y murales retacados de grafitis de políticos que ofrecen mentiritas, promesas y vacantes, sin posibilidad alguna de que les expidan pólizas de garantía que les exijan responder por sus promesas. ¡Así es el mercado de sueños!

Su afiche mostraba la imagen de una vida llena de placeres, fiestas, romance, playa, vinos y exquisitas obras de gastronomía, titulado: “SE BUSCA UN AMIGO”. En letras diminutas, casi ilegibles, decía: "que esté dispuesto a sortear hasta la muerte mis sueños, mis frustraciones, la enfermedad y mi impotencia siempre". Aclaró: ¡Amor, no necesito!

Su buzón se atiborró de mensajes aceptando la vacante. Sin embargo, durante tres meses el poeta entrevistó cuidadosamente a los aspirantes y en todos encontró exactamente la misma respuesta: la verdadera, la imposible. Todos los aspirantes prometieron unirse a ese proyecto de construir una amistad sin barreras, hasta que el poeta abordó el tema de las prioridades. En ese momento, sin excluir a ninguno, los candidatos pausaron y quedaron en silencio.

¡Es verdad! Los amigos están siempre en las buenas y en las malas; en la enfermedad, en las adversidades que a ratitos interfieren nuestra paz; destinan parte de su tiempo y disponen de toda su voluntad para acompañarnos en este itinerario turístico del destino de la “felicidad”, aunque la verdad es otra. Cada uno de los postulados aceptaría dispuesto acompañar al poeta en ese recorrido de la “suerte”. ¡Por Dios!, esto huele bien, dijo Lácides, pero faltaba algo… ¡las prioridades!

Los verdaderos amigos existen y están dispuestos a caminar de nuestra mano hasta que sus prioridades estén en juego. Nada; cada uno está con sus amigos hasta que les llega la hora de regresar a casa para atender sus hijos, padres y su familia; al trabajo, a los compromisos. Estas prioridades son inevitables y ante ellas nada podríamos exigirles.

Los amigos están… ¡cuando pueden!

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por Claudio Valdivieso
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