Seguidilla de sicariatos nubla la seguridad en Bucaramanga

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Resumen

Aunque Bucaramanga reporta una reducción en varios delitos, los recientes asesinatos por sicariato y un robo multimillonario resaltan deficiencias en la seguridad y requieren acciones decisivas y una presencia institucional efectiva.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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by Editorial
Seguidilla de sicariatos nubla la seguridad en Bucaramanga

La seguridad en Bucaramanga no admite improvisación complaciente debido a que las cifras oficiales de las primeras semanas de enero muestran reducciones relevantes en varios delitos, pero también revelan señales de alarma que exigen decisiones contundentes, presencia efectiva y coherencia institucional.

Seis asesinatos por sicariato y un robo multimillonario bajo la modalidad de fleteo, ocurridos en un periodo corto, pesan más que cualquier porcentaje a la baja y marcan un límite claro a la autocomplacencia.

El homicidio selectivo golpea el núcleo de la percepción ciudadana. Cada caso quiebra la confianza y envía un mensaje de control criminal sobre el territorio y una efectividad en entredicho en cuanto  a control.

Esa seguidilla de sicariatos nubla la seguridad en Bucaramanga, porque suceden en tan corto lapso, que inciden en los resultados presentados y generan la sensación de que las autoridades pierden la batalla contra la delincuencia y que la comunidad está desprotegida.

A ello se suma el fleteo, delito que castiga la actividad económica y expone fallas de vigilancia en lugares estratégicos. Estos hechos obligan a priorizar inteligencia, patrullaje focalizado y reacción oportuna en sectores críticos de la capital santandereana, sin dilaciones ni excusas.

El balance operativo semanal reporta una reducción del 41 por ciento en el total de delitos, con descensos notables en hurto a personas, residencias y comercio, así como en robo de celulares.

También caen los delitos sexuales y la violencia intrafamiliar. Estos resultados merecen reconocimiento, pues reflejan trabajo sostenido, capturas, allanamientos y desarticulación de estructuras criminales.

Sin embargo, el éxito estadístico pierde fuerza cuando convive con expresiones de violencia letal que permanecen activas. La política de prohibición del consumo de estupefacientes en parques y entornos educativos evidencia una brecha entre norma y realidad.

Parques emblemáticos y zonas universitarias continúan asociados al expendio y consumo a cualquier hora. La señal pública resulta débil si no existe control permanente, sanción efectiva y recuperación integral del espacio. La ciudadanía percibe la incoherencia y la aprovecha el delito.

Las capturas por tráfico de estupefacientes, porte ilegal de armas y hurto confirman la magnitud del desafío. Las incautaciones de drogas y armas muestran impacto operativo, pero también retratan mercados activos que requieren intervención sostenida, no operativos esporádicos.

La seguridad se consolida con constancia, coordinación interinstitucional y evaluación diaria de resultados. Bucaramanga necesita una estrategia que jerarquice riesgos, refuerce la presencia policial en puntos neurálgicos y alinee discurso con acción.

Menos anuncios y más control visible. Menos normas simbólicas y más cumplimiento. La ciudad demanda autoridad efectiva, prevención real y protección continua. Las cifras ayudan, pero la tranquilidad se construye en la calle, con decisiones claras y resultados verificables.

La administración local debe liderar, el sector judicial debe acelerar respuestas y la comunidad debe confiar y denunciar. La seguridad no se decreta, se ejecuta con planificación, recursos, contundencia, anticipación, prevención y seguimiento, sin atajos.

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