SENA Santander: la educación y el empleo viajan al corazón del campo

SENA Santander: la educación y el empleo viajan al corazón del campo

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Resumen

El SENA en Santander lleva educación técnica a áreas rurales para fortalecer el desarrollo económico. Ofrece capacitación directa en comunidades, adaptándose a las realidades del campo, y promueve formación técnica práctica, mejorando la empleabilidad local.

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by Camilo Silvera

En Santander, donde el campo continúa siendo una fuente esencial de riqueza cultural y productiva, la llegada del SENA a las veredas y territorios apartados representa una apuesta por sembrar conocimiento, cosechar oportunidades laborales y fortalecer el tejido económico regional, demostrando que la educación técnica puede ser un puente real hacia el progreso social.

 

Por Camilo Ernesto Silvera Rueda - Redacción Política / EL FRENTE

En un departamento donde la geografía dibuja montañas abruptas, carreteras serpenteantes y veredas que parecen suspendidas en el tiempo, la formación para el trabajo ha comenzado a recorrer nuevas rutas.

El Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), a través de su regional Santander, avanza en un proceso de expansión educativa que busca romper las barreras históricas entre la educación técnica y las comunidades rurales, llevando oportunidades de capacitación y empleo a los rincones más distantes del territorio.

Así lo confirmó el director regional encargado del SENA Santander, John Edison Jiménez Martínez, quien anunció el fortalecimiento de la oferta educativa para 2026, una estrategia que apunta no solo a consolidar la formación en las ciudades, sino a convertir al campo santandereano en protagonista del desarrollo productivo.

Esta oferta académica que incluye más de 80 programas distribuidos en los ocho centros de formación del departamento, convocatoria que contempla más de 2.000 cupos en modalidad presencial y a distancia, dirigidos a jóvenes y adultos interesados en mejorar sus condiciones laborales y fortalecer sus capacidades técnicas.

De acuerdo con lo que informó el director Jiménez Martínez, la entidad mantiene actualmente más de 10.000 aprendices matriculados en sus diferentes jornadas académicas, que comprenden horarios matutinos, vespertinos y nocturnos, permitiendo que trabajadores, campesinos y estudiantes puedan acceder a procesos de formación sin afectar sus actividades productivas.

Sin embargo, el verdadero salto estratégico del SENA se centra en su apuesta por descentralizar la educación técnica, eliminando la necesidad de que los habitantes de las zonas rurales deban desplazarse a las cabeceras municipales o ciudades intermedias para capacitarse.

 

El SENA vuelve al campo

Una de las iniciativas más ambiciosas es la denominada estrategia campesina, cuyo propósito es llevar instructores directamente a las veredas y corregimientos más apartados del departamento. Bajo el lema “El SENA vuelve al campo”, la entidad pretende adaptar sus procesos formativos a las realidades productivas de cada territorio.

Esta metodología rompe con el modelo tradicional de educación centralizada. Ahora, son los instructores quienes se trasladan hacia las comunidades rurales para acompañar a los aprendices en sus propios entornos productivos, permitiendo que la formación esté directamente ligada a las actividades agrícolas, pecuarias y agroindustriales que sostienen la economía campesina.

La estrategia también contempla la implementación de materiales didácticos y herramientas técnicas que permiten a los aprendices mejorar procesos productivos, fortalecer cadenas de valor y optimizar la transformación de materias primas, generando mayores ingresos para las familias rurales.

Otro de los pilares del modelo educativo del SENA en Santander es el fortalecimiento de las economías populares. Este enfoque busca capacitar a pequeños productores, asociaciones campesinas, trabajadores informales y emprendedores rurales, dotándolos de conocimientos técnicos que les permitan formalizar sus actividades económicas.

En regiones como el Magdalena Medio, el Bajo Río Negro, la provincia de García Rovira y otras zonas tradicionalmente apartadas, el SENA pretende convertirse en un aliado para impulsar proyectos productivos sostenibles, mejorar la competitividad agrícola y generar nuevas fuentes de empleo local.

Este acompañamiento incluye formación en procesos de transformación de alimentos, producción agroindustrial, técnicas pecuarias, manejo de cultivos, comercialización y emprendimiento rural, entre otros campos estratégicos.

 

Requisitos flexibles

Uno de los aspectos que facilita la inclusión social dentro de los programas del SENA es la flexibilidad en los requisitos académicos para ingresar a sus procesos de formación.

Los programas operarios y auxiliares requieren haber cursado hasta séptimo grado de educación básica secundaria. Para programas técnicos se exige haber aprobado noveno grado, mientras que los programas tecnólogos solicitan haber culminado el bachillerato y presentado las pruebas Saber 11, sin necesidad de alcanzar un puntaje específico.

Esta estructura permite que personas que históricamente han tenido dificultades para acceder a la educación superior puedan capacitarse y mejorar sus condiciones laborales.

Uno de los mayores atractivos del modelo educativo del SENA radica en su articulación directa con el sector productivo. Cada programa incluye una etapa lectiva, donde el aprendiz adquiere conocimientos teóricos, seguida por una etapa productiva de aproximadamente seis meses.

Durante esta fase, los aprendices se vinculan a empresas, unidades productivas o proyectos rurales donde aplican sus conocimientos en contextos reales de trabajo. Este modelo facilita la inserción laboral y fortalece las competencias profesionales.

Según la regional Santander, el nivel de empleabilidad de los egresados del SENA continúa siendo alto, ya que el sector empresarial reconoce la formación práctica y la experiencia que adquieren los aprendices durante su proceso educativo.

 

 

Impacto social en los territorios rurales

La expansión del SENA hacia las zonas rurales no solo representa una estrategia educativa, sino también un instrumento de transformación social. En departamentos como Santander, donde muchas comunidades campesinas enfrentan limitaciones en acceso a educación y empleo, la formación técnica se convierte en una herramienta para reducir brechas sociales y fortalecer la economía local.

El modelo también busca evitar la migración forzada de jóvenes hacia las ciudades, permitiéndoles desarrollar proyectos productivos en sus propios territorios y preservar las dinámicas culturales y económicas del campo.

Desde la dirección regional del SENA se reiteró el llamado a los santandereanos para que se acerquen a los centros de formación o consulten la oferta educativa a través de la plataforma institucional, donde podrán realizar el proceso de inscripción y conocer los programas disponibles.

La entidad enfatiza que su portafolio de servicios permanece abierto para toda la población, consolidándose como uno de los principales motores de formación para el empleo en Colombia.

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