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¿SU vivienda podría soportar un terremoto?: UIS prepara “mapa de supervivencia” para Santander: ingenieros detectarán 'heridas' en las edificaciones, antes de que 'sangren'

La UIS impulsa un diagnóstico sísmico en Santander para identificar la vulnerabilidad de edificios e infraestructura antes de un terremoto.

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Del diagnóstico de edificios golpeados por el sismo del 10 de agosto a un ambicioso proyecto para conocer qué tan preparada está la infraestructura santandereana ante un terremoto. La Universidad Industrial de Santander quiere convertir su conocimiento científico en una herramienta de prevención antes de que la emergencia ocurra. Así lo dio a conocer el rector de la UIS, Hernán Porras, quien detalló en la preocupación de la ocurrencia de un sismo de gran magnitud en la región.

 

Por Camilo Ernesto Silvera Rueda - Redacción Política / EL FRENTE

Hay una pregunta que suele llegar demasiado tarde: ¿qué edificios seguirán en pie cuando termine un terremoto? En Pereira, esa pregunta dejó de ser hipotética el pasado 10 de agosto. En Santander, en cambio, la Universidad Industrial de Santander (UIS) pretende formularla antes de que la tierra vuelva a sacudirse.

La institución acaba de poner en marcha una experiencia que podría convertirse en uno de los proyectos de prevención sísmica más ambiciosos de la región: primero, llevando conocimiento especializado hasta las edificaciones golpeadas por el terremoto que estremeció al occidente del país; después, trasladando esa experiencia a Santander para comenzar a construir un diagnóstico de la vulnerabilidad de edificios, infraestructura y zonas críticas.

La apuesta consiste en conocer qué tan capaces son las estructuras de resistir un evento de gran magnitud, cuáles podrían requerir reforzamiento, cuáles podrían continuar siendo habitables y, eventualmente, cuáles tendrían que ser intervenidas, evacuadas o incluso demolidas. El rector de la UIS, Hernán Porras, le explicó a EL FRENTE que la universidad ya dio el primer paso.

 

25 ingenieros frente a las heridas del terremoto

La primera parada fue Pereira. Una misión integrada por 25 profesionales vinculados a la Escuela de Ingeniería Civil de la UIS viajó hasta la capital de Risaralda para participar en las evaluaciones posteriores al terremoto del 10 de agosto.

El grupo está compuesto por cuatro profesores de planta, tres profesores de cátedra, tres estudiantes vinculados a programas de investigación y 15 egresados voluntarios de especializaciones y maestrías en estructuras.

Según la Alcaldía, el municipio contabilizaba más de 35.000 viviendas afectadas, 48 taludes comprometidos, 25 edificaciones públicas, 34 instalaciones de salud y afectaciones en infraestructura cultural. Además, se habían demolido 12 edificaciones consideradas en riesgo de colapso y retirado más de 70.000 toneladas de escombros.

Pero su trabajo no consistía en reemplazar las inspecciones iniciales de emergencia. Los primeros equipos realizan evaluaciones rápidas para establecer si una edificación presenta condiciones evidentes de riesgo. Los especialistas de la UIS entraron en una segunda fase: inspecciones detalladas de nivel dos, dirigidas a estructuras que requerían una valoración mucho más profunda.

Es decir, pasar de la pregunta urgente de “¿es peligroso entrar?” a otras mucho más complejas: ¿Qué ocurrió con la estructura? ¿Puede recuperarse? ¿Qué intervención necesita? ¿Puede volver a ser habitada? Y, en los casos más comprometidos, ¿es técnicamente viable recuperarla?

No todas las grietas cuentan la misma historia. Una de las claves del trabajo de los ingenieros estructurales consiste precisamente en no confundir una grieta visible con un diagnóstico definitivo.

Una estructura puede presentar daños que sean reparables. Otra puede conservar una apariencia relativamente estable y, sin embargo, haber sufrido afectaciones que comprometan su comportamiento futuro.

Por eso los especialistas de la UIS fueron asignados a edificaciones previamente identificadas como críticas para realizar una evaluación especializada y entregar información que permita determinar las decisiones posteriores sobre habitabilidad, recuperación o intervención.

También hay que saber si funcionan los hospitales, las escuelas, los puentes, las vías, los acueductos, las redes eléctricas y las demás infraestructuras que permiten que una ciudad siga funcionando. Ahí comienza a aparecer la verdadera dimensión del proyecto que está imaginando la UIS para Santander.

 

De Pereira a Santander: estudiar el desastre antes del desastre

Hernán Porras plantea una segunda etapa que tiene un propósito radicalmente distinto. No esperar al terremoto para comenzar a estudiar sus consecuencias. La UIS analiza iniciar un proceso de diagnóstico de los diferentes grados de riesgo existentes en Bucaramanga y, posteriormente, ampliar el ejercicio hacia diferentes regiones de Santander.

El rector reconoce que no sería un proyecto de unas cuantas semanas. Se trata de un trabajo de largo alcance que tendría que involucrar distintas disciplinas, instituciones públicas y eventualmente otras universidades.

Y hay una razón contundente para hacerlo. Santander alberga el llamado Nido Sísmico de Bucaramanga, ubicado bajo el municipio de Los Santos, una de las zonas de mayor concentración de actividad sísmica del país. El Servicio Geológico Colombiano señala que cerca del 45 % de la sismicidad de Colombia se concentra en esta región y que los eventos suelen producirse a profundidades cercanas a los 150 kilómetros. La Red Sismológica Nacional mantiene más de 200 estaciones de monitoreo en el país.

Eso no significa que Bucaramanga esté condenada a sufrir un terremoto devastador. Una alta frecuencia de sismos pequeños o profundos no equivale automáticamente a una catástrofe. Pero sí significa algo mucho más sencillo y mucho más incómodo: Santander no puede darse el lujo de ignorar el problema. El rector Porras habla de un concepto fundamental: microzonificación sísmica. La idea puede entenderse como hacerle zoom al territorio.

Los estudios nacionales permiten establecer grandes zonas de amenaza sísmica. La microzonificación busca ir mucho más al detalle para determinar cómo podría comportarse el suelo en diferentes sectores de una misma ciudad.

No es lo mismo que un sismo golpee una estructura construida sobre un determinado tipo de suelo que otra localizada sobre condiciones geológicas diferentes. Investigaciones de la universidad han trabajado desde hace años en la microzonificación sísmica de Bucaramanga y en la identificación de las zonas más vulnerables, utilizando la tipificación de edificaciones y matrices de probabilidad de daño para estimar escenarios de afectación.

La nueva propuesta, por tanto, no surgiría de cero. Sería, en buena medida, la actualización y ampliación de una línea de investigación que la UIS lleva décadas desarrollando.

La UIS ya ha desarrollado investigaciones que identificaron edificaciones típicas de Bucaramanga, su distribución territorial y las zonas con mayor vulnerabilidad sísmica. La nueva propuesta planteada por Porras buscaría llevar ese conocimiento a una escala más amplia y convertirlo progresivamente en una herramienta de gestión del riesgo.

El proyecto también contempla la posibilidad de ampliar el uso de sensores que permitan conocer el comportamiento dinámico de determinadas estructuras. El objetivo sería acumular información sobre cómo se mueven los edificios y cómo responden ante eventos sísmicos, para identificar comportamientos anómalos y comprender mejor cuáles estructuras o zonas requieren atención.