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Tiempos difíciles para ser varón (II)

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Resumen

El autor critica la ideología de odio radical que busca equiparar biológicamente a hombres y mujeres, sugiriendo que esto lleva a prácticas discriminatorias contra los hombres. Aboga por el reconocimiento y la valoración de las diferencias de género, en lugar de tratar de negarlas o cambiarlas.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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Por: León Sandoval Ferreira

Llega a tal punto el discurso ideológico de odio que, por vía legal y jurisprudencial, ha pretendido en algunas latitudes, equiparar biológicamente a mujeres y hombres. Cada día se defenestra más y más de la condición del hombre para exaltar la condición de la mujer, bajo el riesgo de ordenar por vía legal que las mujeres son superiores a los hombres. Es de tal tamaño el nivel de desespero que algunos colectivos de ideología de género abogan para que los hombres se comporten de manera afeminada, asuman ambigüedad sexual e incluso orinen sentados, cuando está comprobado que el hombre al orinar sentado no vacía completamente la vejiga.

La vindicación de los derechos de las mujeres, sin lugar a dudas es necesaria pero no puede convertirse en acto de odio contra los varones, como si los varones de este tiempo fuesen los responsables de la exclusión histórica de las mujeres. Se empieza a acuñar términos como “vulvandalismo” para referirse a los actos violentos y de odio cometidos por grupos de mujeres contra el mobiliario público e incluso contra mujeres policías que en cumplimiento de su deber son agredidas por otras mujeres. La anulación del varón se volvió una práctica habitual; bajo el argumento de la discriminación positiva se sacralizan formas que lo que hacen es relativizar el concepto de lo justo e injusto según las condiciones del individuo y no según la naturaleza del hecho. La discriminación positiva se ha convertido en una forma velada e inmoral de discriminación.

Es innegable que desde campos como la biología, la naturaleza sensorial, la química hormonal y la espiritualidad hay marcadas diferencias entre hombres y mujeres, diferencias que jamás podrán ser redimidas por la ley, la jurisprudencia o por ideologías radicales de odio. Los jueces, aún los más sabios de las altas cortes, también se equivocan, no obstante, es deber acatar y obedecer sus fallos. Al final puede haber muchos géneros o sentires sexuales, pero el dictamen diferenciador desde la fisiología se reducirá al diagnóstico citológico y prostático. Que el sentimiento de odio de algunos grupos de interés, no hagan de las mujeres, vengadoras de su género, llevándolas a cometer los abusos de las que fueron o son víctimas. Nada justifica la violencia, ni la discriminación contra las mujeres o contra cualquier otro ser vivo.

Las nuevas tendencias tienen mucha calle, mucha teoría y poco o nada de sentido común. Las mujeres son inteligentes, capaces, maravillosas, sanadoras, victoriosas, poderosas, hacendosas, bellas, facturadoras, mágicas y cien mil y un adjetivos positivos más. En lugar de pretender que los varones se vuelvan féminas y las mujeres, varones, por qué no valorar la diferencia para que cada quien en su naturaleza continúe en el ejercicio respetuoso de sus derechos y deberes. Se trata de complementos, no de competencias. Son tiempos difíciles para ser varón.

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