Tras fallido litigio en su contra, Henry Riaño se afianza como la voz petrolera de Santander rumbo al Congreso
Resumen
Henry Riaño sobrevive a un litigio que cuestionaba su candidatura al Congreso. Se destaca como defensor del sector petrolero, abogando por un enfoque técnico que contrasta con narrativas predominantes. Riaño asegura que Colombia debe mejorar su política energética.
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El fallo del CNE no solo le devolvió la legitimidad a Henry Riaño, sino que reforzó su narrativa de campaña: la de un candidato que enfrenta a las estructuras, que no negocia su discurso y que está dispuesto a incomodar tanto a la política tradicional como a los dogmas ideológicos. Hoy, con la vía jurídica despejada, Riaño se proyecta como un punto de apoyo clave para la industria petrolera en el Congreso de la República, pero también como una figura que promete denunciar la corrupción, cuestionar la burocracia ambiental ineficiente y defender una democracia menos mercantilizada.
Por Camilo Ernesto Silvera Rueda - Redacción Política / EL FRENTE
La candidatura de Henry Riaño a la Cámara de Representantes por Santander no solo sobrevivió a un intenso pulso jurídico ante el Consejo Nacional Electoral (CNE), sino que salió fortalecida. El exalcalde de Cimitarra y aspirante por el Partido Conservador logró que el máximo organismo electoral le devolviera plena legitimidad a su inscripción, tras desvirtuar una demanda promovida por sectores de la oposición política de su municipio natal, quienes buscaban sacar del camino una candidatura incómoda, técnica y con discurso propio.
El litigio, que durante semanas generó incertidumbre en el panorama electoral santandereano, giró en torno a una presunta inhabilidad derivada de la relación familiar entre el candidato y su hija, quien había laborado como contratista en la Alcaldía de Cimitarra.
Los demandantes sostenían que este vínculo invalidaba la aspiración de Riaño. Sin embargo, la defensa demostró con documentos oficiales que la hija del candidato había renunciado oportunamente, incluso antes de la inscripción formal de su padre ante la autoridad electoral.
Según explicó el propio Henry Riaño en una entrevista con Periódico EL FRENTE, su hija presentó renuncia el 4 de diciembre, mientras que la inscripción de su candidatura se realizó el 7 de diciembre, cumpliendo estrictamente los tiempos que exige la ley para evitar cualquier causal de inhabilidad. Esta renuncia, además, fue aceptada mediante acto administrativo, lo que cerraba cualquier discusión jurídica.
No obstante, en una primera decisión, el CNE revocó la inscripción. La razón no fue de fondo, sino de forma: la defensa presentada electrónicamente llegó incompleta. De un documento de 17 páginas, solo nueve fueron leídas por los magistrados, quedando por fuera anexos clave que probaban la renuncia y su aceptación oficial.
Fue precisamente esa irregularidad procedimental la que llevó a una aclaración posterior, en la que, ya con el expediente completo, el CNE revocó su propia decisión inicial y falló a favor de Riaño. La llamada “prueba reina” terminó siendo determinante: la cadena documental que acreditaba que no existía vínculo laboral vigente alguno que pudiera inhabilitar al candidato.
Con este fallo, el Consejo Nacional Electoral dejó claro que la candidatura de Henry Riaño es plenamente válida, despejando el camino para su aspiración al Congreso.
Un discurso incómodo
para el statu quo político
Más allá del aspecto jurídico, el episodio dejó al descubierto una tensión política de fondo. Riaño no es un candidato tradicional. No llegó al Congreso con el respaldo de una casa política poderosa ni como ficha de una maquinaria regional. Por el contrario, él mismo se define como el primer exalcalde de provincia que aspira al Congreso sin acuerdos previos con clanes políticos, apostando a una campaña a pie, de contacto directo y debate abierto.
Ese perfil independiente, sumado a un discurso técnico en temas sensibles como los hidrocarburos, lo ha convertido en blanco de sectores que, según él, prefieren eliminar al contradictor antes que enfrentarlo en la plaza pública.
Superado el litigio, Henry Riaño se consolida como la única candidatura en el país que habla con conocimiento de causa sobre el sector de los hidrocarburos, un tema que, según él, ha sido vapuleado en el Congreso por discursos ideológicos que demonizan la exploración y producción de petróleo sin sustento técnico.
Riaño no habla desde la teoría. Durante décadas ha estado vinculado a la industria mineroenergética y sostiene que Colombia vive hoy una paradoja peligrosa: posee recursos, experiencia y potencial productivo, pero ha decidido frenar su propia industria petrolera. El resultado, afirma, es contundente: el país produce cerca de la mitad de los barriles que debería estar produciendo, debilitando su soberanía energética y su estabilidad fiscal.
En el Congreso, asegura, las voces ambientalistas se han convertido en mayoría, imponiendo una narrativa que asocia automáticamente petróleo con destrucción ambiental. Frente a ello, Riaño propone un enfoque distinto: responsabilidad ambiental con rigor técnico, no prohibiciones generales ni discursos globalizados importados de realidades que no son las de Colombia.
Fracking: el debate que Riaño
quiere dar sin eufemismos
Uno de los puntos más sensibles de su agenda es el fracking. Para Riaño, el debate en Colombia ha estado marcado por el miedo y la desinformación. Sostiene que esta técnica no solo le conviene a Santander, sino al país entero, siempre que se aplique bajo estándares estrictos y con inversión suficiente para mitigar impactos.
Recuerda que Ecopetrol ya ha invertido más de 3.000 millones de dólares en el Magdalena Medio para preparar proyectos de fracking, y que no aprovechar ese esfuerzo sería un error estratégico. Explica que la fracturación hidráulica se realiza a profundidades entre 9.000 y 12.000 pies, muy lejos de las fuentes hídricas superficiales, y que las aguas producidas son tratadas y reinyectadas bajo protocolos técnicos rigurosos.
Para el candidato, el verdadero daño ambiental en Colombia no proviene de la industria petrolera formal, sino de la minería ilegal, especialmente la de oro, que avanza sin control en regiones como el Catatumbo, la Serranía de San Lucas, el Chocó y el Pacífico, devastando ecosistemas completos ante la mirada pasiva del Estado.
Uno de los planteamientos más ambiciosos de Henry Riaño es que Colombia debe dejar de ser solo un país extractor de petróleo y dar el salto hacia la producción y comercialización de gasolina y otros derivados pesados. A su juicio, la falta de valor agregado es una de las grandes fallas históricas de la política energética nacional.
“Todo el mundo vende petróleo, todo el mundo vende gasolina”, insiste, señalando que con una mayor producción y una política legislativa coherente, Colombia podría incluso reducir el precio interno de los combustibles y convertirse en un jugador más fuerte en los mercados regionales.