Tres minutos de reflexión

Resumen

En Semana Santa, el autor reflexiona sobre su fe, sus errores y la coherencia entre lo que cree y lo que hace, guiado por un proceso de introspección y discernimiento.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Claudio Valdivieso profile image
by Claudio Valdivieso

Semana Santa me concedió una compleja y confortable zona de reflexión: introspección, coherencia, fe y discernimiento. Sin ostentar una actitud de santidad, elegí a Lácides, mi leal amigo; le compartí mi racimo de inquietudes para que él, en medio de sus alucinaciones me orientara hacia un verdadero territorio de paz, amor, y por supuesto, un oportuno encuentro con Dios.

Lácides, mi siniestro protagonista de novela se convirtió en mi maestro, mi guía espiritual, quien sin ninguna consideración me sentó frente al espejo durante tres eternos minutos. Me cuestionó sin misericordia, me llevó a encontrarme con mis demonios y mi alma en una Sagrada Pasión, me sometió a echarle una cuidadosa ojeadita al inventario de mis pecados: mis errores, mis aciertos y los pendientes por cumplir, además de las acciones que tomaré para compensar la balanza de la verdadera fe.

San Lácides, tras convertirse en un personaje de paz y amor, ahora disfruta de la sabiduría de sus alucinaciones y me convidó al espejo de mi propio confrontamiento… ¡Por Dios! El traidor y orgulloso espejo reveló mil errores en mis acciones y las torpezas cometidas por acción y omisión, “para mi fortuna por descuido”, sin la intención de actuar de mala fe. Esto me concedió un tantico de tranquilidad, aunque ese inventario se convirtió en un extenso compromiso para encontrar equilibrio y coherencia en mis acciones, mi fe, valores y principios.

El espejo fue rudo conmigo, me mostró un ramillete de “pecadillos” para restaurar al detalle, como: no juzgar al soberbio, al amargado, al hipócrita, al traidor y al ignorante, sino buscar la causa que los convierte en eso, y esto cambiaría mis consideraciones. Sé que no podría igualarme a ellos, pero entender sus resentimientos y sus carencias fue suficiente para agradecer al Señor la riqueza que me concedió para no cuestionarles y, a cambio, considerarles, porque ellos no trabajan para construir su paz sino para destruir la de otros prójimos, incluso difamando; de modo que ellos ahora están en mis oraciones para que puedan disolver el resentimiento, la soberbia y la envidia para convertirla en paz. Aquí se abre un pequeño espacio para la resiliencia.

Dice Lácides que fustigarse de rodillas ante el altar y salir de allí para convertirse en “misionero del diablo” es suficiente para convertir su paz en escombros y se vaya al traste el verdadero sentido de la fe, del perdón y hasta de la lógica, porque triunfa la incoherencia de los actos y nada cambia. ¿El que peca y reza empata? ¡Esto espanta la paz!

A mi favor, a mi paz y a la coherencia de mis acciones le queda el tiempo necesario para no “condenar” al soberbio, sino para comprenderlo, porque él necesita más amor y fe que yo. Ahora, solo debo continuar mis tertulias con el Señor para agradecerle la riqueza que me ha dado, mi fe, y por concederme el privilegio de comprender la incoherencia del prójimo que ni vivirá ni morirá en paz mientras esté cubierto por la piel de la soberbia, la envidia y el egoísmo.

Claudio Valdivieso profile image
por Claudio Valdivieso
📰

Suscripciones Digitales

Accede a nuestras ediciones digitales y contenido exclusivo

Ver planes de suscripción
o recibe nuestro boletín gratuito

¡Listo! Revisa tu correo

Haz clic en el enlace de confirmación para completar tu suscripción.

Leer más