Uribe: de fustigar lágrimas para sus opositores a organizar bodegas “uribestias”
La escena ocurrió en un evento de campaña y quedó registrada en un video que, en cuestión de horas, encendió la polémica en redes sociales. El expresidente Álvaro Uribe Vélez pronunció una frase que desató interpretaciones cruzadas y críticas inmediatas: “háganla llorar en las redes sociales”. Para sus detractores, se trató de una incitación al acoso digital, sin embargo, para sus seguidores, una arenga política más en tiempos de confrontación electoral. Días después, el propio Uribe salió a explicar el alcance de sus palabras y, lejos de desmarcarse de la estrategia digital, terminó por asumirla abiertamente.
En entrevista con La FM, el exmandatario aclaró que su llamado no estaba dirigido a atacar a la ciudadana María José Gómez, una usuaria de redes que increpó a la candidata presidencial del Centro Democrático, Paloma Valencia, durante un vuelo comercial, sino a responder con argumentos a lo que calificó como ataques injustos contra su copartidaria.
Según Uribe, el episodio que detonó su reacción ocurrió cuando Gómez grabó un video dentro del avión cuestionando a Valencia por la reforma pensional del gobierno de Gustavo Petro, señalándola como responsable de que no se incrementaran los pagos a los adultos mayores. Para el expresidente, ese señalamiento fue desproporcionado y carente de sustento.
“Esa señora fue muy injusta con Paloma, empezó a maltratarla con el cuento de Petro, diciendo que Paloma es la responsable de que no se le aumente el pago a los ancianos”, explicó Uribe en la entrevista radial.
En ese sentido, aseguró que su frase buscaba incentivar una defensa política en redes, no ataques personales. “Responder con argumentos”, insistió, fue el espíritu de su llamado, en un escenario donde las redes sociales se han convertido en uno de los principales campos de disputa electoral.
Uribe aprovechó el espacio para reiterar su postura frente al debate pensional, uno de los temas más sensibles del actual panorama político. Recordó que el origen de los programas de apoyo a los adultos mayores se remonta a la Ley 100, impulsada durante el gobierno de César Gaviria, con participación activa suya como congresista.
“El proyecto de los ancianos nace en la Ley 100. En nuestro gobierno dejamos los primeros 900 mil ancianos cubiertos con ese proyecto. Además, existe una ley para que no se les pueda pagar por debajo de la línea de pobreza”, señaló.
Con estas afirmaciones, el expresidente buscó desmontar la narrativa que, según él, responsabiliza a Paloma Valencia y al Centro Democrático de las limitaciones actuales del sistema pensional, especialmente ahora que la reforma del Gobierno Petro se encuentra bajo revisión de la Corte Constitucional tras demandas interpuestas, entre otras, por la propia exsenadora.
Más allá de la aclaración puntual sobre la frase, la entrevista dejó un mensaje político de mayor calado. Uribe no solo defendió la legitimidad de la acción digital de sus seguidores, sino que reconoció explícitamente el papel de las llamadas “bodegas” como herramienta electoral.
“Ustedes tienen que ser nuestros bodegueros, repetir lo que diga el partido y ayudarnos con sus comentarios, contradecir con argumentos”, expresó. Incluso fue más allá al bautizar a ese grupo de activistas digitales como “bodegueros uribestias”, una expresión que, aunque polémica, fue presentada como un llamado a la militancia abierta y sin anonimatos.
“De nombre propio, personas conocidas, ayúdennos a replicar estos temas”, añadió, dejando claro que, en su visión, la disputa política actual exige presencia activa y organizada en redes sociales para contrarrestar lo que considera ataques sistemáticos de sus opositores.
Un debate que revive viejas tensiones
Las declaraciones del expresidente reavivan un debate recurrente en la política colombiana: el uso de las redes sociales como escenario de confrontación, la línea difusa entre la defensa política y el hostigamiento digital, y el rol de las estructuras organizadas de activismo en internet.
Para sus críticos, el llamado de Uribe normaliza prácticas agresivas y profundiza la polarización. Para sus seguidores, se trata de una respuesta necesaria frente a un ambiente que consideran hostil y dominado por narrativas adversas.
Lo cierto es que, al asumir públicamente las “bodegas” como una estrategia electoral legítima, Álvaro Uribe volvió a marcar agenda y a confirmar que, en la política contemporánea, la campaña no solo se libra en plazas públicas y debates formales, sino también en timelines, comentarios y videos virales, donde cada mensaje cuenta y cada réplica puede inclinar la conversación pública.