Vélez está a punto de convertir la utopía del agua en una realidad. ¿Será verdad tanta belleza?
El Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado de Vélez alcanza 95 % de avance físico tras más de una década, aunque persisten dudas por retrasos y antecedentes como La Batanera.
El Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado de Vélez alcanza 95 % de avance físico tras más de una década, aunque persisten dudas por retrasos y antecedentes como La Batanera.
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Durante años, en Vélez el agua potable ha sido mucho más que un servicio público: se convirtió en una promesa electoral recurrente, en una bandera de campaña y, para miles de habitantes, en una espera que parece no tener fecha de vencimiento. Cada administración ha tenido que enfrentarse al mismo problema y ofrecer una solución definitiva. Pero entre anuncios, contratos, retrasos, obras inconclusas y proyectos que terminaron convertidos en verdaderos dolores de cabeza para el municipio, el agua continúa siendo una de las grandes deudas de la gestión pública veleña.
Por Camilo Ernesto Silvera Rueda - Redacción Política / EL FRENTE
Ahora, después de más de una década de espera, el Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado parece finalmente acercarse a la meta. La Procuraduría General de la Nación informó este 15 de agosto que, gracias al seguimiento y la articulación institucional adelantada por el Ministerio Público, el proyecto alcanzó un 95 % de avance físico y un 85,03 % de ejecución financiera al 30 de junio de 2026.
La cifra es significativa, pero también obliga a hacer una pregunta incómoda: ¿cómo puede una obra destinada a resolver una necesidad tan básica haber necesitado más de diez años para acercarse a su culminación?
La propia Procuraduría ha documentado el tamaño del problema. En abril de este año señaló que las comunidades de Vélez llevaban más de 11 años esperando la culminación del proyecto y que las constantes quejas por los retrasos habían obligado al organismo de control a mantener una acción preventiva sobre la obra.
El proyecto no ha estado exento de tropiezos. En febrero, la Procuraduría había advertido nuevamente sobre retrasos en el cronograma, dificultades para ingresar a algunos frentes de obra y afectaciones a la movilidad y a la comunidad. Incluso requirió al contratista, la interventoría y las entidades responsables para que documentaran los avances reales y adoptaran medidas correctivas.
Ahora el panorama es distinto. Según el reporte entregado por el Ministerio Público, ya fueron culminados frentes considerados decisivos, entre ellos la red pluvial y sanitaria de la carrera Séptima, la intervención y pavimentación de la carrera Sexta y la construcción del muro de contención en el sector del Coliseo, infraestructura complementaria que debía ejecutar el municipio para garantizar la estabilidad de la red.
Pero en Vélez la memoria institucional tiene un capítulo que resulta imposible ignorar cuando se habla de una nueva promesa de solución al problema del agua: La Batanera.
El fantasma de una represa que nunca pudo cumplir su promesa
La historia de La Batanera constituye uno de los episodios más contundentes de lo que ha significado para Vélez buscar una solución definitiva a su abastecimiento de agua. La represa comenzó a construirse en 2011 precisamente con el propósito de solucionar el suministro de agua potable para unos 20.000 habitantes. La obra representó una inversión superior a los $7.500 millones y durante años fue presentada como la infraestructura que permitiría dejar atrás los problemas de abastecimiento del municipio.
El desenlace fue sencillamente escandaloso: la infraestructura colapsó y terminó convertida en un símbolo de las fallas de planeación, ejecución y control que pueden convertir una millonaria inversión pública en un elefante blanco.
Documentos judiciales reconstruyen que el contrato de obra 2003 de 2011, suscrito entre el departamento de Santander y el Consorcio VASCA, contemplaba la construcción de La Batanera. El contrato, después de varias adiciones, llegó a $6.838 millones. La obra fue recibida formalmente en agosto de 2014 y el contrato fue liquidado en diciembre de 2015. Sin embargo, en junio de 2016 la supervisión reportó el colapso total de la represa.
Es decir, una infraestructura que había sido recibida y liquidada terminó colapsando antes de convertirse en la solución que los veleños habían esperado. La explicación técnica fue todavía más preocupante.
Un estudio realizado por la Universidad Industrial de Santander, la Sociedad Santandereana de Ingenieros y la Empresa de Servicios Públicos de Santander concluyó que una de las principales causas del desastre estuvo relacionada con la modificación del ducto diseñado para manejar las aguas. Según el estudio, el material especificado originalmente fue sustituido por otro de menor capacidad; posteriormente se instaló un tubo metálico en su interior para trabajar a presión y, al llenarse la presa, se produjo la saturación del material y el deslizamiento que terminó provocando el colapso.
El mismo análisis encontró además deficiencias en la resistencia de los materiales utilizados para construir el terraplén, con una resistencia al corte insuficiente para garantizar la estabilidad de los taludes bajo condiciones de saturación.
La Batanera se convirtió en la demostración de que anunciar una solución no significa necesariamente resolver un problema. Y esa es precisamente la razón por la que el actual avance del Plan Maestro debe ser observado con esperanza, pero también con enorme cautela.
El agua como promesa de campaña
En Vélez, la sucesión de proyectos para solucionar el abastecimiento ha hecho que el tema del agua aparezca una y otra vez en las discusiones políticas locales.
Un recuento publicado por El Tiempo sobre los acueductos inconclusos de Santander ubicó a La Batanera como uno de los ejemplos más graves de infraestructura prometida para resolver el suministro de agua y que terminó sin cumplir su objetivo. El informe señalaba que el proyecto había sido presentado como una solución para que la comunidad dejara de sufrir por la falta del líquido.
La paradoja es evidente: mientras las administraciones municipales cambian, las campañas electorales pasan y los discursos se renuevan, la necesidad permanece.
El propio Plan de Desarrollo de Vélez reconoce que todavía existen sectores que no fueron incluidos en el contrato del Plan Maestro y que será necesario gestionar recursos para futuras fases. Entre las zonas mencionadas aparecen Santa Teresita, Ricaurte, Los Cerezos, Sagrada Familia y Chapinero.
Por eso, incluso si el proyecto alcanza el 100 % de ejecución física, la discusión sobre el agua en Vélez no necesariamente terminará ese día. El verdadero examen comenzará cuando la infraestructura sea puesta en funcionamiento y los habitantes puedan comprobar que el agua llega de manera estable, suficiente y con calidad a sus hogares.
Una obra de más de $27.000 millones bajo vigilancia
El Plan Maestro tampoco ha escapado a cuestionamientos relacionados con su ejecución. En junio de 2025, la Procuraduría sancionó en primera instancia a Pedro Mauricio Beltrán Dulcey, quien se desempeñaba como interventor del proyecto.
La sanción contempló una inhabilidad de diez años y una multa de 100 salarios mínimos legales mensuales vigentes, debido a omisiones relacionadas con la calidad de los materiales y la correcta ejecución de la obra. La decisión es apelable y, por tanto, no debe presentarse como una sanción definitiva mientras no quede en firme.
El organismo de control señaló que varios tramos presentaron fallas en 2021 y 2022 y que sectores de pavimento tuvieron que ser levantados y renovados debido a problemas como disgregación, desintegración, baches, fisuras y hundimientos.
La fotografía actual es, entonces, contradictoria: un proyecto que finalmente registra un avance físico del 95 %, pero que llega a esa cifra después de más de una década, múltiples dificultades, intervenciones de los organismos de control y problemas técnicos que han obligado a corregir trabajos ya ejecutados.