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Volviendo a la derecha

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Resumen

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Por: Juanita Tovar

Hace ochenta años, ‘Los Aliados’ llevaron a cabo la Operación Overlord, una de las iniciativas militares más cruciales de la Segunda Guerra Mundial. Este desembarco en Normandía, que tuvo lugar el 6 de junio de 1944, marcó el inicio de la liberación de Europa Occidental del yugo nazi. Fue un momento decisivo que debilitó significativamente al régimen de Adolf Hitler y sentó las bases para la derrota final de Alemania. Sin embargo, resulta paradójico que hoy, ocho décadas después, nos encontremos frente a un resurgimiento de fuerzas políticas que, de alguna manera, reflejan ciertos aires del ‘Eje Berlín-Roma’.

Sorprende que el pueblo francés, que padeció en carne propia los horrores de la Segunda Guerra Mundial, hoy se encuentre dando un voto de confianza al extremismo del lepenismo, el partido de extrema derecha que ganó la tercera parte de los votos en Francia, en las elecciones del Parlamento Europeo, institución de la Unión Europea elegida cada cinco años por los ciudadanos de los 27 estados miembros del bloque comunitario.

Este giro hacia la extrema derecha no ha sido gratuito y puede ser visto como el levantamiento de una bestia dormida que llevaba más de veinte años esperando con cautela un contexto propicio para desertarse. Este contexto ha sido facilitado por la inmediatez de la información y el poder de las redes sociales, que han amplificado mensajes de miedo y odio, erosionando la confianza en los sistemas democráticos y progresistas.

Este fenómeno en el que la extrema derecha logra un respaldo considerable, no es exclusivo de Europa; en Estados Unidos, la posible reelección de Donald Trump también resuena con estas tendencias. Estos eventos sugieren una oscilación del péndulo político, una dinámica en la que las sociedades alternan entre ideologías progresistas y conservadoras, aunque parece que estamos presenciando un movimiento hacia la derecha, impulsado en gran medida por una percepción generalizada de que las ideas progresistas han fallado en resolver problemas clave.

Este giro hacia la derecha podría interpretarse como un juicio a las políticas progresistas de las últimas décadas, donde se han percibido líderes populistas que ofrecen soluciones simplistas a problemas complejos. La situación en América Latina añade una capa adicional de complejidad a este fenómeno. Los malos resultados económicos, la cercanía de los gobiernos de izquierda con escándalos de corrupción y la debacle de países como Venezuela y Cuba han llevado a la migración masiva de sus poblaciones ante índices alarmantes de miseria y devaluación, estos ejemplos han contribuido a una crisis de legitimidad de los ideales socialistas en la región, alimentando la desconfianza, y el rechazo hacia las políticas de izquierda.

Las organizaciones internacionales también tienen una responsabilidad vital en este contexto. Deben reforzar los mecanismos de cooperación y diálogo entre naciones, promoviendo políticas que prevengan la peligrosa radicalización y el surgimiento de líderes extremistas que de alimentan de la polarización. La educación en valores democráticos y derechos humanos debe ser una prioridad, así como el fortalecimiento de las instituciones que protegen estos principios, para que, a líderes con convicciones e iniciativas Histriónicas y peligrosas, no les quede tan fácil hacer locuras. Evitar una repetición de las barbaries de la Primera y Segunda Guerra Mundial requiere un compromiso renovado con los valores que sustentan la paz y la estabilidad global. El resurgimiento de ideologías extremistas y populistas es un recordatorio de los peligros que enfrentamos cuando permitimos que el miedo y el odio guíen nuestras decisiones. Los líderes mundiales y las organizaciones internacionales deben trabajar juntos para construir un futuro basado en la cooperación, la justicia y el respeto mutuo, asegurando que los fantasmas del pasado no se conviertan en la realidad del presente, y la historia no se repita.

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