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Acto de contrición

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Resumen

El autor, que votó por Petro esperando un cambio, expresa su decepción por su estilo de liderazgo impositivo y falta de consenso. Critica su personalidad dominante y propone la necesidad de un gobernante sensato, conciliador y respetuoso del estado de derecho.

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Por: Carlos Ibáñez Muñoz*. Voté por Petro, lo hice a conciencia hastiado de la ineficiencia y mediocridad de los últimos gobernantes, añorando a los de antes que eran verdaderos estadistas, anhelando a la izquierda liberal dentro de la cual me formé políticamente.

Petro cautivó, diagnosticó al país acertadamente y nos mostró sus miserias y los culpables de la misma en los últimos 70 años. Propuso un cambio que restableciera el valor del ciudadano e hiciera una patria más justa e igualitaria. Por eso voté por él, pensé que las cosas cambiarían y que enrumbaría al país por nuevos caminos certeramente.

Pero me equivoqué, una cosa va del dicho al hecho, a Petro lo domina su personalidad y esta no le permite consensuar, dialogar, ceder, ponerse de acuerdo para sacar adelante sus propuestas, es la talanquera que no lo deja avanzar, su personalidad es su peor enemigo y opositor. La izquierda desaprovechó quizás esta única oportunidad, busco un ideólogo, un activista más no un gobernante y por eso se precipita al desastre y con ello los gobernados que observan como encalla el barco presidencial.

La imposición no puede ser el verbo rector del gobierno, las reformas que se tramitan deben ser expuestas al diálogo y concertación con todos los actores, se debe respetar la autonomía y decisiones del Congreso de la República por el cual votaron 16 millones de colombianos. Fundamental tener en cuenta las iniciativas y planteamientos de los gremios, la academia y los sectores sociales, rescatar lo positivo de las políticas públicas en el manejo del Estado construidas hace décadas, brindar garantías y respetar la independencia y acatar las sentencias de la rama judicial y las altas cortes, en fin, honrar el estado de derecho.

Con soberbia, prepotencia, vocación mesiánica, camorra y polarización no se puede gobernar al país. Ojalá rectificara para el bien de Colombia, pero creo que no le alcance el tiempo; renovar su personalidad anclada en frustraciones y resentimientos y colmada de sueños no se logra en pocas lunas, se necesitan muchas.

La patria necesita un gobernante sensato, prudente, conciliador, diplomático, dialogante, planeador y sobre todo desprendido de los súper egos que atropellan y socavan la concordia de la sociedad.

Mientras tanto que el arquitecto del universo ayude a guiar al país y le dé al presidente sensatez en sus últimas calendas de gobierno.  *Exalcalde de Bucaramanga

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