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Apoyar a los contrapesos

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Resumen

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Por: Juan Pablo Ulloa*

Es entendible que existan visiones fatalistas frente al rumbo que podría tomar Colombia en los próximos años. La improvisación y radicalización del Gobierno de Petro, junto a la estrategia que ha emprendido para que su grupo político continúe vigente en 2026, generan la suficiente incertidumbre como para pensar que la estabilidad del país está en riesgo.

Sin embargo, creo que, si seguimos como vamos, es posible prever con cierto realismo que el país aguantará la turbulencia. Uno de los motivos es que los contrapesos institucionales están demostrando la suficiente independencia como para impedir (o por lo menos ralentizar) que Petro descuaderne definitivamente el país en el largo plazo. Me refiero a las Cortes, el Banco de la República y el Congreso.

Las Cortes: La Corte Constitucional ya demostró ser independiente al Gobierno ejerciendo el debido control a la reforma tributaria. La Corte Suprema tampoco se dejó presionar de Petro y eligió en tiempos prudentes a la integrante de la terna menos cercana al presidente. ¿De qué estar pendiente? El 2025 será un año clave pues la Constitucional reemplazará cuatro de los nueve magistrados, de los cuales hoy dos son conservadores y dos, liberales.

El Banco de la República: Es usual que los gobiernos autoritarios de izquierda abusen de los dineros públicos para repartir subsidios. Sin embargo, Petro aún no tiene el control de la Junta Directiva del Banco, es decir, no ha podido determinar de forma unilateral la emisión de dinero o la reducción de tasas para ampliar su capacidad de entregar ayudas monetarias. De hecho, depende del Congreso para volarse la regla fiscal o tramitar alguna Ley que le permita sobredeudarse.

¿Qué es lo clave? En 2025 el Presidente tendrá la posibilidad de cambiar dos asientos en la Junta Directiva del emisor, lo que podría inclinar la cancha a su favor, aunque puede que ya sea muy tarde para motivar cambios gruesos en la política macroeconómica del país.

El Congreso: Este Gobierno no ha significado ningún cambio frente a sus antecesores en cuanto a la forma en cómo se relaciona con los congresistas. El intercambio de votos por puestos, lo que llaman “mermelada”, ha sido el plan del ejecutivo para controlar el legislativo. Si bien esto ha sido efectivo en la Cámara, el Senado le ha sido esquivo gracias a que el amplio descontento frente a Petro ha subido de forma significativa el costo político que tiene pasar alguna de sus reformas. En otras palabras, de momento, los senadores han priorizado los votos para 2026 por sobre el poder burocrático. Sí, es raro, pero está pasando.

¿De qué estar pendiente? De los congresistas liberales y de La U. Los miembros de estos partidos tienen la capacidad de inclinar la balanza, especialmente, si Petro decide hacer cambios en las entidades que controla para apuntalar su apoyo.

Entre tanto, el presidente intentará sentar la narrativa de que la postura de las instituciones independientes hace parte de un plan de la “élite corrupta” para bloquear el cambio, motivo por el cual “se requiere una Constituyente”. Ante ello, el éxito de movilizaciones como la del 21 de abril es fundamental. Para quitarle ímpetu a la agenda radical del Gobierno, y generar un ambiente favorable para que los contrapesos sigan siendo eso, contrapesos, es clave que los gremios, empresarios, académicos, líderes de opinión, y, en general, la ciudadanía que valora la estabilidad institucional, mantenga la presión pública contra el Gobierno, bien sea en las calles o en los medios.

*Consultor experto en asuntos públicos y comunicaciones

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