Buscando presidente en la bola de cristal

Resumen

El texto cuestiona el uso de cifras oficiales para mostrar logros económicos en campaña, mientras advierte que el empleo crece sobre todo en el sector público y no en actividades productivas.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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“La bola de cristal es un instrumento clásico de adivinación utilizado principalmente por videntes, clarividentes, magos y ocultistas para-acceder a información sobre el pasado, el presente o el futuro…”, dice Google.

Así parecen actuar algunas firmas encuestadoras frente a las próximas elecciones presidenciales. Algunas son reconocidas por su confiabilidad y muestran resultados similares entre los distintos candidatos; otras, en cambio, se apartan de esa tendencia. Incluso hay quienes consideran que ciertas encuestas ajustan sus resultados según las preferencias de quienes las contratan.

Mientras tanto, los ciudadanos permanecen en ascuas porque, no nos digamos mentiras, más de la mitad del país no quiere más de lo mismo. Los indicadores macroeconómicos y sociales no son alentadores y podrían empeorar a medida que se materialicen los efectos de un gasto público desbordado, una fuerte caída de la inversión y una pérdida de control territorial por parte del Estado, situación que nos ha devuelto a épocas de violencia que creíamos superadas.

Con el propósito de impulsar la continuidad de su proyecto político, el presidente ordenó a su gobierno divulgar sus logros. El DANE anunció que la tasa de desempleo se redujo al 9,4 % en marzo. Sin embargo, al desagregar las cifras, hay poco de qué ufanarse. No se trata de manipulación de datos —la directora de la entidad goza de reconocimiento por su seriedad y competencia—, sino de la composición del empleo generado. El empleo público, es decir, la burocracia, creció en alrededor de 350.000 personas, muchas de ellas dedicadas al activismo político en plena campaña electoral. También aumentó la contratación en entidades públicas de los sectores financiero, salud y educación.

En contraste, disminuyeron los empleos en sectores productivos como el agro, la construcción y la manufactura, que sí aportan al crecimiento del PIB. A esto se suma el éxodo de compatriotas que han abandonado el país por falta de oportunidades, lo cual también influye en la reducción del desempleo, pues ya no buscan trabajo en Colombia.

El Gobierno también destaca el crecimiento del consumo de los hogares. Esto es consecuencia del aumento del empleo burocrático, del incremento del salario mínimo —que benefició a 2,9 millones de personas— y de los subsidios entregados. Pero, al no existir suficiente inversión para responder a esa demanda con mayor oferta, la inflación se dispara. El resultado es que algunas personas hoy tienen más dinero en el bolsillo, aunque pronto perderán poder adquisitivo. Además, muchos no son conscientes de que esta bonanza será pasajera, pues ese ritmo de gasto es insostenible.

Con un gobierno que pone los recursos públicos al servicio de su candidato, los aspirantes de oposición compiten en clara desventaja. A solo tres semanas de los comicios, las campañas deberán concentrarse en movilizar a los indecisos para que salgan a votar. Voten por su libertad, por su familia y por el futuro de sus hijos. Votemos para no perder la Colombia que amamos.

* Martha Elena Pinto de De Hart.  www.fundacionoarticipar.com

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