Pues que coman pastel
Resumen
Se critica una desconexión entre el gobierno y la realidad al sugerir vehículos eléctricos como solución al alza de la gasolina, pese a sus altos costos y limitaciones en Colombia.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)Me parece muy interesante que esta frase sea atribuida a María Antonieta. Dicen que, durante los periodos de hambruna que azotaron Francia, cuando le dijeron a ella que las personas no tenían para comer pan, entonces respondió: “entonces que coman pastel”. La realidad es que, históricamente, esta frase no puede atribuírsele a la reina: no hay evidencia que la respalde. Es más, Rousseau escribió esta frase en sus libros cuando María Antonieta tenía nueve años y todavía no estaba casada. Varios biógrafos la relacionan con la reina María Teresa y agregan que María Antonieta se caracterizaba por sus labores caritativas, lo que no concordaría con la frase en mención.
El 1 de mayo se informó que el precio de la gasolina subiría 400 pesos más. Ante el descontento, el presidente “aconsejó” a las personas cambiarse a vehículos eléctricos que se cargan con el sol de forma gratuita. En primer lugar, los vehículos eléctricos no se cargan con el sol y mucho menos gratis; hay muy pocos modelos, en su mayoría experimentales, que funcionan con paneles solares. Por otra parte, cargar un vehículo con paneles solares no es tan sencillo: se deben comprar paneles para la casa, instalarlos y, en teoría, se estaría manejando con “energía solar”, pero no es gratuito. Instalar paneles solares en Colombia es muy costoso para las personas del común.
Me recuerda mucho a María Antonieta porque perfectamente puedo imaginar la escena entre la directora del DAPRE, Nhora Mondragón, y Petro: “El despacho presidencial estaba sumido en una penumbra. Petro no revisaba documentos; contemplaba el polvo flotando en un rayo de sol. Entró Nhora Mondragón, rompiendo el silencio con el eco ansioso de sus tacones sobre las baldosas.
—Señor Presidente —susurró con urgencia—, los medios y la oposición están incendiados. Dicen que el aumento de la gasolina es un golpe mortal a la canasta familiar, que el transporte subirá y el pueblo no aguantará el costo de los servicios. ¿Qué les decimos?
Petro ni siquiera giró la silla. Su voz emergió profunda. —Diles que no teman al fin del petróleo, sino al fin de la imaginación. Que se cambien a vehículos eléctricos; que se conecten a la carga gratuita del sol.
Nhora parpadeó. —Señor… —titubeó ella—, con todo respeto a la transición energética. En el 90 % del territorio nacional, encontrar un cargador libre es más difícil que encontrar un consenso en el Congreso. Instalar un punto de carga en una vivienda cuesta lo que un ciudadano gana en un semestre de trabajo. No hay dónde enchufar ese sueño.
Petro se levantó despacio y se acercó a la ventana, mirando hacia la Plaza de Bolívar como si estuviera viendo el año 2050 a través de la neblina bogotana. Se ajustó la gorra con solemnidad y dijo: —He dicho que se cambien a vehículos eléctricos —replicó—. Si no hay cargadores, que carguen sus almas con la esperanza del sol. El futuro no necesita cables; necesita voluntad.
Nhora guardó silencio, anotó “comprar extensiones de 500 metros” en su libreta y se retiró del despacho, mientras el presidente volvía a sumergirse en su silencio.”
Al final, la historia no se repite por coincidencia, sino por ceguera. Cambian los escenarios, los trajes y los discursos, pero la distancia entre quien decide y quien vive las consecuencias sigue intacta. Y quizá el verdadero problema no es que alguien diga “que coman pastel”, sino que todavía haya quienes puedan decirlo sin escuchar el ruido del hambre al otro lado de la ventana.