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Carlos Ramón González, vocero de Santander en el gobierno nacional

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Resumen

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Por los pasillos de la ‘Casa de Nariño’, sede de la presidencia de la república, ven llegar todos los días a un personaje santandereano, que fue combatiente de las guerrillas del Movimiento Diecinueve de Abril y que se hizo abogado, después de la desmovilización de ese grupo insurgente, que les hizo caso a las voces clamorosas del pueblo colombiano para su reincorporación a la vida civil en Colombia.

Quien podía creer que, en el hogar del más importante líder conservador de Puente Nacional de su época, don Segundo González, pudiera levantarse una voz de rebeldía por la discutible derrota del General Gustavo Rojas Pinilla, fundador del Movimiento Alianza Nacional Popular – ANAPO – que la noche del 19 de abril de 1970 perdía las elecciones presidenciales por una diferencia de treinta y siete mil (37.000) votos con el candidato del Frente Nacional, Misael Pastrana Borrero.

En un libro con sabor a leyenda, escrito por el exministro de gobierno Carlos Augusto Noriega, figura excelsa de la oratoria política en Colombia, titulado: ‘Lo que pasó aquella noche’, los conservadores ‘rojistas’, como Carlos Ramón González, se tomaban las calles de la capital de la república para defender el triunfo del General Rojas Pinilla, que le había sido arrebatado al fundador de la ‘Alianza Nacional Popular’ –ANAPO – mientras, simultáneamente, colocaba las mayorías parlamentarias en el Senado y la Cámara de Representantes.

Pero fue así, como en la mano larga del presunto fraude electoral, para derrotar al General Rojas Pinilla, arrastrara el respaldo de una multitudinaria opinión pública, que los invitaba a la toma del poder por las armas. Hubo entonces dos corrientes rebeldes, una encabezada por los congresistas de la ‘ANAPO CONSERVADORA’ liderada     en Santander por los abogados Pedro Gómez Arenas, Reynaldo Hernández Ordóñez, Armando Lizcano, José Uriel Gómez Aristizabal y Jaime Ortiz Valdivieso (todos ellos fallecidos) y otra línea de la ANAPO LIBERAL, impulsada por el médico Carlos Toledo Plata, asesinado en las calles de Bucaramanga, que terminaría siendo cofundador del Movimiento Diecinueve de Abril (M-19).

Cuando se habla de Segundo González, el jefe conservador de Puente Nacional, el padre del actual Director Administrativo de la Presidencia de la República (DAPRE), abogado Carlos Ramón González, hay que revisar la historia de los acontecimientos para saber en qué contexto y en qué momento, la leyenda de un presunto fraude electoral pudo hacerle tanto daño a Colombia, que hasta los hijos de los jefes conservadores empuñaron las armas para exigir un riguroso recuento de los votos, cuyos escrutinios fraudulentos habían encendido los ánimos de las grandes mayorías nacionales.

En la antesala de su regreso a la vida civil, Carlos Ramón González, -- que era el jefe de seguridad del M-19 en las Montañas de Corinto (Cauca), -- aparece recibiendo a una delegación de santandereanos que, encabezada por el senador Feisal Mustafá Barbosa, del partido Conservador y señora Consuelo Durán de Mustafá,  junto con los diputados de Santander, Miguel Arenas Prada, Julio Enrique Avellaneda y Rafael Serrano Prada, atendiendo la voluntad del expresidente Belisario Betancur, realizaban la misión de reunirse en las montañas del departamento del Cauca con Álvaro Fayad, Iván Mariño Ospina, Carlos Pizarro León-Gómez, Andrés Almarales Manga  y Antonio Navarro Wolff, para convencerlos sobre la posibilidad de unas capitulaciones y de un alto al fuego en la lucha armada, para vincularse a un proceso de paz, creíble y duradero, que se consolidó con su participación en la Asamblea Constituyente de 1991, que por iniciativa del expresidente César Gaviria Trujillo, expidiera la nueva carta de derechos, que ha sido tantas veces pisoteada y violada, convertida en una colcha de retazos, donde se habla de la paz todos los días, en medio de la turbulencia que generan los acontecimientos del diario vivir en Colombia.

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