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Chaquiras

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Resumen

La narradora recuerda con nostalgia los días en la playa con su padre, recogiendo conchas y aprendiendo de él. Ahora, en su primer Día del Padre sin él, recuerda sus enseñanzas y reflexiona sobre la importancia de honrar a los padres incluso después de su fallecimiento.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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Regresé a casa después de unos días remunerados de felices recuerdos en la playa, y al abrir mi equipaje saltó una volquetada de arena y conchitas refundidas en mi ropa. En ese momento, volví a navegar en el mar de mis nostalgias al reencontrarnos con el mar, mi padre y por supuesto, con esa inolvidable atorada por los sorbitos de las olas y los tatuajes dibujados por las medusas en mi piel; también, por ignorar la previa “cantaleta” que recibí de mi viejo, y remató con dos de sus magistrales, pero detestables frases. ¡se lo dije, y tome pa´que lleve!

Para mi ambiciosa tentación de recuperar recuerdos con papá, el mar y mi infancia, la playa era perfecta para lograrlo, honrarlo y recordarme la gratitud por presentarme a su majestuoso amigo el mar y los barquitos del horizonte. ¡En el mar cabe todo! decía mi viejo… pero el mar no cabe en todas partes. Recogíamos las conchitas para armar el collar que me enseñaría, y decía, qué sí escribía un poema y alojaba un beso en la sonrisa de mi bonita, juntos llegaríamos a las estrellas y así seríamos otra de ellas.

Saqué las migajas de playa que venían en mi maleta para intentar hacer una réplica del collarcito de mi padre. En cada eslabón recordaba un prólogo nuevo de sabiduría y del camino de la vida, aunque en ellos, jamás encontré un capítulo que me indicara cómo enfrentar su primera ausencia en el día del padre. Ahí, la pita del collar se enredó sin desenlace en el mismo nudo y por lo mismo quedaron palabras sin pronunciarse.

Cada año incluye un día del padre, aunque este debería repetirse todos los días.  Esta vez, mi padre, mi bonita y el mar, eran los eslabones del mismo collar de conchitas que jamás se distanciarán de mis recuerdos. Siempre entendí para qué es el papá. ¡Para enseñar! Una de las cosas complicadas de convertirnos en sus discípulos, es que ellos no estarán presentes para la primera “práctica” en la exposición de su ausencia en el especial día del padre, y esta puntada faltaba en los eslabones de mi collar.

De puntada en puntada entre las conchitas de mi collar, cayeron a mis recuerdos otros papás que dejaron sus bastones para extrañarlos en la mesa del Día del Padre. Esos héroes de la niñez nos dejaron las manos llenas de sabiduría y palabras claves para enfrentar la decepción, el desaliento y la fortaleza para los abrazos que no volverán, porque su ausencia nos explica que donde se alojan sus almas, ahora celebran en paz con nuestro Supremo y Señor Padre. ¡Feliz día!

“El amor de un padre lo hace tan imperfecto como el de un hijo hacia él. Es el resultado del mismo amor”.

A través de sus enseñanzas, nuestros viejos (los que se fueron), quieren y requieren que celebremos su feliz día porque ya nada les duele. Ellos nos enseñaron todo sobre el perdón y esa mutualidad es necesaria para qué puedan avanzar en la paz de su feliz viaje a la eternidad. A ellos; los de allá, un abrazo, y a los de acá, otro.

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