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Cinco señales que pueden revelar fiebre en los gatos y pocos dueños identifican

Cinco señales pueden alertar fiebre en gatos: letargo, falta de apetito, calor en orejas o almohadillas, respiración alterada y aislamiento.

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La fiebre en los gatos suele pasar desapercibida debido a que estos animales tienden a ocultar sus síntomas cuando presentan algún problema de salud. Sin embargo, reconocer los cambios de comportamiento y las señales físicas a tiempo puede ser determinante para evitar complicaciones graves.

Especialistas de centros veterinarios como el Cornell Feline Health Center, la UC Davis School of Veterinary Medicine, el Merck Veterinary Manual y VCA Animal Hospitals han identificado cinco señales principales que pueden alertar sobre un cuadro febril en los felinos.

Uno de los primeros indicios es el letargo. Un gato que normalmente juega, explora o responde a estímulos puede comenzar a permanecer quieto durante largos periodos, mostrar poca energía y reducir su interacción con las personas. Este comportamiento ocurre porque el organismo busca conservar energía mientras enfrenta una posible infección o inflamación.

Otra señal frecuente es la pérdida repentina del apetito y la disminución del consumo de agua. Los especialistas advierten que un gato que deja de alimentarse durante 24 o 48 horas puede desarrollar problemas graves, como la lipidosis hepática. Además, la falta de hidratación puede acelerar la descompensación del animal.

Los cambios físicos también son importantes. Orejas o almohadillas más calientes de lo habitual, acompañadas de temblores musculares, pueden indicar que el organismo está intentando regular una temperatura elevada. Los veterinarios recomiendan no aplicar fuentes externas de calor, ya que podrían empeorar la condición.

La fiebre también puede reflejarse en alteraciones respiratorias y cardíacas. Una respiración acelerada, jadeo o dificultad para respirar son señales de alerta, especialmente en gatos mayores o con enfermedades previas.

El quinto indicador está relacionado con el comportamiento. Los felinos pueden aislarse, esconderse, evitar el contacto con sus cuidadores o dejar de acicalarse, lo que provoca un pelaje descuidado y cambios evidentes en su rutina.

Los expertos señalan que una temperatura superior a 39,2 grados Celsius requiere vigilancia, mientras que valores por encima de 40 grados representan una situación que necesita atención veterinaria urgente. La fiebre no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma de problemas que pueden ir desde infecciones hasta enfermedades más complejas.

Ante cualquier sospecha, los especialistas recomiendan evitar medicamentos humanos, ya que pueden resultar tóxicos para los gatos, y acudir a un profesional para determinar la causa y establecer el tratamiento adecuado.