Colombia: giro de 180 grados
El texto plantea un cambio político en Colombia y destaca como prioridad recuperar seguridad, institucionalidad y confianza en el país.
El texto plantea un cambio político en Colombia y destaca como prioridad recuperar seguridad, institucionalidad y confianza en el país.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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Diego Arango O.
Desde este 7 de agosto de 2026, Colombia ha comenzado a dar un giro de 180 grados a su dirección; se pasa de un modelo político retrogrado, ineficiente y corrupto a uno que ofrece la antítesis del mandato Petro que por cuatro lamentables años solo le han dejado al país inestabilidad e inviabilidad económica y financiera, sino un incremento nunca registrado de corrupción e improvisación administrativa.
El déficit fiscal que hoy registra el país es el mayor de toda su historia como nación, los índices de inseguridad e incremento del delito han superado los registrados en décadas anteriores.
En la historia el país jamás ha tenido ese inmenso número de ministros y viceministros (65 y 140), a más de miles de funcionarios públicos y contratistas, una burocracia extralimitada, pero lo peor, todo su gabinete ineficiente y/o corruptos, muy pocos se escapan.
El papel de la primera dama que históricamente ha sido una figura respetable de apoyo a las políticas sociales de su esposo presidente, en este gobierno se convirtió en una vulgar danza en las calles y escándalos de la esposa del presidente Petro, que lejos de sintonizarse con los sectores vulnerables del país para gestionar y brindar ayudas, se la pasó dando espectáculos de baile en las comparsas carnavalescas, en escándalos de abuso de los recursos públicos para sus veleidades personales y viajes sin actuar dignamente como la primera dama de la nación a más de influencias para actos de corrupción.
Ahora veamos el comportamiento del mandatario saliente: un irresponsable, veleidoso, vicioso, abusivo de su investidura cuyas propuestas demagógicas con las que se hizo elegir no fueron ejecutadas, salvo una que otra como el incremento desproporcionado del salario básico, que, si bien pudo favorecer a un sector de la población, también lo perjudicó encareciendo el costo de la vida.
Pero otro aspecto que está golpeando significativamente a la población es la inseguridad, el incremento de los ataques terroristas, de los secuestros y extorciones, asaltos y robos a nivel urbano y rural, todo aquello sin precedentes en la historia colombiana.
También veamos la otra cara de la moneda: el presidente ya posesionado, cuya esperanza de buen gobierno motivó a millones de colombianos para preferir a un candidato primerizo, sin experiencia de gubernativa en el legislativo ni ejecutivo, pero su personalidad y propuestas, así como la decisión con que fueron expresadas y soportadas por una extraordinaria campaña publicitaria, convencieron a una gran mayoría que esperanzados en dar ese giro de 180º, votaron por Abelardo De la Espriella, quien ha sorprendido nombrando un vicepresidente y un gabinete de gobierno estelar, hombres y mujeres con excelentes hojas de vida, experiencia, resultados comprobados y sin cuestionamientos.
Lo anterior es un mensaje de esperanza en que este será un buen gobierno que volverá a orientar a Colombia en el camino correcto que se merece.
Dentro de la expectativa que se tiene de este nuevo mandato, están las acciones concretas para el restablecimiento de la seguridad nacional, del fortalecimiento de las fuerzas armadas, la garantía de la justicia, la atención a los sectores más vulnerables, la descentralización del país, el apoyo a la empresa privada e impulso de la microempresa, así como la formalización del trabajo, la estabilidad de la salud y educación.
De otra parte, es devolver la confianza en la democracia y respeto a la institucionalidad del país, que ha quedado significativamente herida por el gobierno saliente, también devolver al país su credibilidad por el descredito a nivel internacional como un país serio y respetable que históricamente ha sido, el mismo que exige devolver la buena imagen que siempre ha caracterizado a Colombia.