Cuba y la cadena de suministro
Por: Javier Mauricio Orejarena No es posible hablar de la perla de las Antillas, Cuba, sin generar polémica. Aunque fue hace casi 70 años la revolución cubana, este hecho sigue siendo para muchos la génesis de todas las desgracias en la isla y una enfermedad que puede contagiarse a las débiles democracias latinoamericanas. Cuba fue siempre una nación pobre. Muy
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Por: Javier Mauricio Orejarena
No es posible hablar de la perla de las Antillas, Cuba, sin generar polémica. Aunque fue hace casi 70 años la revolución cubana, este hecho sigue siendo para muchos la génesis de todas las desgracias en la isla y una enfermedad que puede contagiarse a las débiles democracias latinoamericanas.
Cuba fue siempre una nación pobre. Muy pobre para decir verdad. Esta realidad nacional reinó incluso en la época de la dictadura de Fulgencio Batista más allá del bienestar que muestran las fotos del barrio el vedado y centro Habana de aquella época. Fue la época del mafioso, socio de Al Capone, el empresario y también mafioso Meyer Lansky, que solo demostraron que la prosperidad de la isla fue un espejismo de la gran lavandería de la mafia italiana.
Vamos al punto. Con o sin socialismo la isla nunca tuvo una cadena de suministro y el régimen actual tuvo 70 años para construirla y nunca lo hizo. La cadena de suministro es, en breves palabras, la producción, el transporte, el almacenamiento y la distribución de productos. Es evidente que la cadena de suministro en la isla fracasó por varios motivos.
Primero, el modelo cubano creyó que la cadena de suministro estatal era suficiente y estática en modo y tiempo y nunca supo adaptarse a las necesidades y evolución de las necesidades humanas de la sociedad cubana. El enfocar todo el esfuerzo estatal en proveer lo comprometido por la libreta de abastecimiento, terminó por destruir el rol de los privados en la cadena de suministro y esto significó una destrucción de economía en las calles en su integridad.
Segundo, nunca aprovechó el régimen el padrinaje de la URRS para orientar la ruralidad y la soberanía alimentaria a través de sistemas de riego reales que permitieran una ruralidad orientada a la pervivencia de millones en autonomía. Solo orientó su ruralidad, y a la vez su economía, en el tabaco, la caña y el alcohol que son productos casi prohibidos y limitados en más del medio mundo actual. No es el bloqueo lo que perjudicó irremediablemente la balanza de pagos, es que el mundo ya no fuma, no bebe y no se endulza como antes.
Tercero, el modelo del socialismo cubano brilló por la burocracia cleptómana, el nepotismo descarado y fue un estado “ciego” al no promover la creación y desarrollo de energía, lo cual era y es esencial para la cadena de suministro. Ejemplo de ello fue el derroche monumental del proyecto energético fracasado en la Juraguá (Cienfuegos) de Fidelito (hijo del dictador Fidel).
Cuarto, la crisis actual energética es la metástasis de un cáncer de ineficiencia estatal no tratado que lleva más de medio siglo en la isla. Quinto, los múltiples intentos de las políticas económicas del estado cubano para mantener su moneda actualizada frente al dólar convirtiéndose esto en otro suicidio para la economía cubana.
Y sexto, la necedad invariable en sus líderes de bloquear por años y décadas cualquier evolución que se resume para el caso como la terquedad del régimen de La Habana a evolucionar y entender que asuntos como la libertad de opinión política y económica son más que derechos humanos en la humanidad actual y que el que opine no es un criminal y por ello no merece castigo y por, sobre todo, pero más importante es que las necesidades del pueblo ya no son las mismas que otrora tiempo cuando llegaron los barbudos de la Sierra Maestra. La propuesta del Estado monopolio y capitalista terminó por destruir el principal capital de un país que es la iniciativa personal y privada que es lo que construye una sociedad que produce y se provee a sí misma de sus necesidades.
Las noticias siempre hablan mal del régimen de La Habana y el régimen nunca las decepciona. Mientras el régimen continúa defendiendo lo indefendible. Las restricciones al mercado doméstico, la corrupción estatal, el monopolio del Estado sobre el turismo, el involucramiento excesivo y abusivo de las fuerzas militares en asuntos civiles y económicos y por sobre todo que se siga insistiendo que un Estado puede decidir sobre la iniciativa de los particulares en lugar de hacer en sus vidas el proyecto con el que sienten o que se identifiquen.
Mientras el lema de “Cuba libre y soberana” sigan siendo palabras alejadas de la realidad de la vida de sus cubanos, la nación seguirá siendo una patria sin ríos, un reino de la improvisación, una revolución escrita a sí misma para no revolucionar ni cambiar nada mientras su gente muere de hambre como castigo por un régimen que nunca eligió ni puede cambiar. Un Estado medieval de mentiras para un pueblo que merece verdades y derechos humanos al menos.
Pronto vuelve la temporada de huracanes, seguro el régimen volverá el régimen a decir: “es el bloqueo”… …