Del altar al amor: La historia del cura que enamoró a una monja
Resumen
Daniel Genovesi y Mercedes Tarragona dejaron el sacerdocio y la vida religiosa tras enamorarse. Comenzaron su historia en 1991, enfrentaron tensiones al dejar la vida eclesiástica y renunciaron al celibato, formando una familia en EE.UU.; son un testimonio de coherencia personal.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Lo que comenzó como un vínculo pastoral terminó convirtiéndose en una historia de amor que desafió votos, estructuras y silencios. Daniel Genovesi y Mercedes Tarragona dejaron el sacerdocio y la vida religiosa para formar una familia. Tres décadas después, siguen juntos.
Se conocieron en 1991, cuando él era sacerdote en la diócesis de Venado Tuerto y ella monja. Trabajaban con jóvenes en actividades parroquiales. Lo que comenzó como una colaboración pastoral derivó, lentamente, en sentimientos que ambos tardaron en reconocer. La formación religiosa —marcada por el celibato y la disciplina emocional— hizo que durante meses interpretaran su vínculo como simple amistad.
Mercedes fue la primera en dejar los hábitos, tras diez años en la congregación. Describe su salida como abrupta y sin acompañamiento institucional. Daniel renunció al ministerio en 1993, luego de comunicar a sus superiores que no podía continuar negando lo que sentía. Según relata, el proceso estuvo atravesado por tensiones y falta de diálogo.
Tras abandonar la Iglesia católica, comenzaron desde cero. Sin empleo estable y con escasa experiencia fuera del ámbito religioso, improvisaron una primera ceremonia íntima en 1993. Luego se casaron por civil y, años más tarde, celebraron una boda en la Iglesia anglicana. Tuvieron dos hijas y reconstruyeron su vida profesional: él estudió Psicología y ejerció el ministerio en la comunión anglicana; ella se formó en Ciencias de la Educación y trabaja como counselor.
En 2013, Daniel inició un intercambio epistolar con el papa Papa Francisco, a quien planteó la situación de sacerdotes que abandonan el ministerio y quedan en un limbo institucional. La respuesta, que luego publicó en el libro Querido hermano, marcó para él un cierre simbólico.
Hoy viven en Kansas, Estados Unidos. A los 61 y 57 años, aseguran que su historia no pretende ser ejemplo, sino testimonio de coherencia personal. Lo que alguna vez fue considerado un “amor imposible” se convirtió en un proyecto de vida compartido.