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Del cambio, los payasos y el fuego

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Resumen

El artículo expone la creciente crisis política en Colombia, con constantes violaciones de los derechos humanos y el desafío a las normas internacionales. Critica a la administración actual por su falta de liderazgo y responsabilidad, advirtiendo que el país puede convertirse en un "estado paria".

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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Aunque parezca inverosímil, Colombia está cada vez más cerca de convertirse en un estado paria. Las razones que me llevan a pensarlo son varias e incluyen que cada vez son más las violaciones de los derechos humanos, las agresiones militares injustificadas, las actividades terroristas aumentan sin control y se desafían las normas internacionales, como la extradición, entre otras. El término «estado paria» no tiene una definición legal precisa, pero se utiliza comúnmente para describir a naciones que son percibidas como actores desestabilizadores o que no cumplen con las normas y valores aceptados por la comunidad internacional.

El desconocimiento que este gobierno le hace a la institucionalidad no tiene límites y cada vez será más notoria su rebeldía y desacato por la Constitución colombiana. Peor que Juan Manuel Santos, este presidente y su gabinete perezoso nos tiene atados. Obligan al pueblo a que se resigne con sus falacias y a soportar el tiempo que queda comiéndose las uñas.

El cambio no existe, nunca existió. Para que haya cambio se requiere conciencia y comprensión, motivación y voluntad, visión y liderazgo. Nada de esto está cerca. Gustavo Petro, cruel perseguidor de opositores, como lo está haciendo con Pastrana, está dispuesto a ofender a todo el mundo, pero se indigna cuando dicen la verdad sobre su gestión. Adicionalmente, pone en riesgo la vida de personas al publicar sus fotografías para volverlos objetivos militares. El payaso, en un sentido literal, es un artista que se dedica a hacer reír a la gente; en términos coloquiales, es una persona que actúa de manera tonta e irresponsable.

Pero creo entender por qué estos personajes y la izquierda son especialista en incendiar el país. El fuego, ese baile ardiente de llamas que ha fascinado a la humanidad desde tiempos inmemorables, posee un misterio particular: No tiene sombra. En el mundo de las sombras y luces, el fuego se niega a seguir las reglas establecidas. Siempre en movimiento y cambiando de formas. Eso está bien para un adolescente, pero no para un adulto. Y el pueblo debe tener la certeza de que su gobernante “es”, más no un “debería ser”. Este gobierno “es” mediocre y “debería ser”, cuanto menos, bondadoso.

Sin embargo, este espectáculo mediático que observamos a diario tiene su recompensa. Escuchar al mandatario aun culpando al gobierno de Duque por la pérdida de los Juegos Panamericanos después de aceptar su responsabilidad, es la evidencia más clara de que con la izquierda, vamos directo a convertirnos peor que Venezuela. Ver al canciller suspendido y desconociendo a la procuraduría es igual. Los insultos a las cortes porque no trampean la ley y la constitución demuestran que son un trastorno.

La fiesta marxista aún está lejos de acabarse y como cualquier fiesta mala nos toca sentarnos a observar o irnos. El problema es que es en nuestra casa y hay mucha bulla para descansar. De mi parte, cuando la parranda es mala y la música no es agradable, busco con quién hablar para pasar el rato. Aunque bien dice el dicho popular: si no hay pelea, la juerga no era buena.

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