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El antagonista

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Resumen

El poeta Lácides Puertas lucha contra el tiempo, convirtiéndolo en su antagonista. Tras invertir tiempo y dinero en sus poemas y enfrentar la quiebra, Puertas considera al tiempo tanto una amenaza como un medio para olvidar sus fracasos.

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Por: Claudio Valdivieso

El tiempo pasó a convertirse en un personaje antagonista en la vida del poeta Lácides Puertas, quien ha enfrentado cientos de adversidades además de unos cuantos irónicos y lamentables festines de su existencia. Aunque el poeta insiste en convertir sus desdichas en una caricaturesca novela de su vida, el tiempo mantiene su rol antagónico y además de negarle cambiar su historia, lo confunde entre su tiempo actual y el que pasó.

Al poeta le sucedió, qué por andar amasando una fortuna con sus poemas, después de un tiempo de llenar sus arcas de sueños descubrió que sus versos tan solo quedarían impresos en los libros que comprarían finalmente por kilos los recicladores. Lácides acostumbraba a escribir sus versos inspirados en un amor absurdo entre el sol y la luna, en una romántica ficción que solía admirar en los fantásticos instantes que recuerda cuidadosamente su memoria.

Perdió su capital, y aunque tampoco era significante, para él era todo. Se fue a la quiebra por el dinero que invirtió en sus revistas de poesía, además del tiempo que dedicó a promocionar sus versos en los parques nocturnos de los enamorados.

Aunque Puertas no pretendía enriquecerse con sus versos, intentaba sobrevivir a las primarias y exigentes necesidades del apetito, una vivienda digna y tener la suficiente tinta para imprimir sus sueños; pero su tintero se agotó, y tampoco alcanzó a imprimir la pesadilla   que lo mantuvo vivo y despierto para continuar su romántico y triste fracaso.

“El tiempo, paradójicamente es tan noble como villano, es irreversible y constante que tampoco perdona las cuestiones de ingratos recuerdos”, dice Lácides mientras apaga un cigarrillo en la matera donde fallece un cactus por deshidratación.

Cuenta Lácides, qué ahora después de mucho tiempo inició una carrera contra el mismo tiempo, y por su premura las cosas tampoco han mejorado; más aún, cuando intenta manipularlo para cambiar los imposibles. Insiste Lácides, que el mismo tiempo se ha convertido en una amenaza, pero qué al menos le permitirá el tiempo suficiente para olvidar lo que tampoco le concedió.

Dice Lácides con esperanza, qué el antagónico tiempo le permita lo suficiente para explicarse sin más contratiempos que las horas, los días y los años son porciones de vida tan eternos como fácilmente pueden convertirse en instantes.

Puntualiza el poeta, que el tiempo no dejará de ser protagonista en la vida, y para bien o para mal, el tiempo antagonista tampoco cambiará las cosas que de pronto sí se hubiesen hecho oportunamente, podrían evitarse, ganarse y perderse para escribirse.

Prólogo: El tiempo es una esfera que rueda en la búsqueda de más tiempo sin cansarse. Hemos nacido y aprendido a caminar para perseguirla y ser perseguidos por la misma cada día, cada instante, en la fiesta y en el drama. El tiempo es la transición que hay entre la teta y el bastón, es una historia completa de la vida que no termina de escribirse; igualmente, es una vida incompleta donde el tiempo tampoco alcanza para vivirla ante sueños inalcanzables...

El autor.

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