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El carácter

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Por: León Sandoval-Ferreira

Se ha vuelto norma social, mentir sobre lo que se piensa respecto de algún tema, materia o persona, simplemente por el hecho de quedar bien y no resultar molesto para los demás. Lo que conduce a que la hipocresía sea la reina de la sociedad. Hipocresía que se volvió constante en todos los escenarios, el hogar, la escuela, la iglesia, el trabajo y por supuesto, en los medios de comunicación. Se prefiere ser hipócrita con el ánimo de recibir beneficios antes que expresar la opinión real. Lo que ha conducido a la falta de carácter como regla general, en otras palabras, es mejor quedar bien con todo el mundo, a costa de la propia opinión y de la verdad.

Carácter es lo que escasea entre los individuos hoy día, cada vez decir “sí” tiene diversos matices, y decir “no” otros tantos. No se trabaja en construir carácter porque todo está bien y para que nadie se ofenda, se debe ser empático y resiliente, por lo tanto, decir lo que cada quien quiera escuchar es una forma de conducta, así lo que se diga carezca de verdad; como la historia del Traje nuevo del emperador escrita por el danés, Hans Christian Andersen (1805-1875), donde todo el mundo con tal de agradar al emperador mentía sobre su desnudez, hasta que, una niña en su inocencia, expresa “El emperador está desnudo”.

El carácter se demuestra o no se demuestra, no hay términos medios. El carácter no se vende en medicaciones, no se aprende, no se adquiere, se forja. Forjar carácter es un proceso que inicia desde la más tierna infancia acorde al medio y al entorno del sujeto. Forjar carácter es algo por lo que padres, docentes y en general, la sociedad debería preocuparse. La verdad claudica para ante lo políticamente correcto. Decir las cosas de tal manera que, nadie se moleste, es imperativo. La ciudadanía es de cristal y de fácil fractura, por ende, al ladrón no se le puede llamar ladrón, ni al asesino, asesino, o al corrupto, corrupto, ni al mediocre, mediocre, porque es denigrante, es preferible llamarlos presunto apropiador de lo ajeno, presunto arrebatador de la vida, cuestionado administrador de recursos, y sujeto en proceso de crecimiento y búsqueda del estereotipo exitoso, respectivamente.

Pareciera que es más relevante quedar bien con el otro que decir la vedad. La verdad sucumbe para ante lo social, y hoy lo que debe primar, ante todo, “Lo políticamente correcto”. Obrar y actuar de tal forma, que todos queden contentos. Las redes sociales cumplen un importante rol en esta dinámica, donde los “likes” son indicadores de aprobación social y medidas de influencia. Vale más quedar bien con la galería que consume contenidos digitales, así se sacrifique la verdad.

En ese orden de ideas, no es necesario empecinarse en llamar por su nombre a las cosas, al gato, gato, o al perro, perro, es mejor decirles seres sintientes domesticados de la especie felina o cánida, por ejemplo. Ante la ausencia de carácter cualquiera cosa está bien, porque en aras de los hiperderechos humanos y el libre desarrollo de la personalidad, hasta ser mentiroso y bribón es un valor; le va mejor al victimario que a la víctima, lo reflejan los encapuchados que vandalizan propiedad ajena con total impunidad.

Cuán importante sería que la forja de carácter fuese un asunto fundamental de familias y de la escuela, preocupados hoy por dejar un mejor mundo para las personas que, mejores personas para el mundo. Para aquellos interesados en el carácter, no obstante, leer a los filósofos estoicos, hoy de moda, sería interesante redescubrir un clásico de la literatura suramericana: El hombre mediocre, publicado en 1913 por el italoargentino José Ingenieros (1877-1925), interesante texto para reflexionar sobre la forja de carácter, ajeno al debate sobre las ideas políticas de Ingenieros. El carácter conlleva implícitos objetividad de pensamiento e independencia de criterio, lo demás es ornamento.

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