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El derroche y ostentación de la familia presidencial en Colombia

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Resumen

Verónica Alcoser, consejera sentimental del presidente colombiano Gustavo Petro, influye en la política y las relaciones internacionales de Colombia, gestionando tareas de alta jerarquía. Además, se encarga de la imagen pública de Petro, su vestuario y discursos.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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Doña Verónica Alcoser, la consejera sentimental del presidente Gustavo Petro Urrego, es como Manuelita Sáenz, quien remplazaba según la historia de Colombia, al Libertador Simón Bolívar, en el manejo de las tropas, durante la guerra de la independencia nacional. Ella, sin ningún rubor, realiza labores de alta cancillería, influye en el manejo de las tropas, daefine muchos nombramientos de empleados de alta jerarquía, encabeza a nombre del gobierno de Colombia las delegaciones a los actos de posesión de los presidentes y jefes de estado, consigue audiencias con el Santo Padre y con los mas encopetados mandatarios del mundo, y no necesita acreditar la partida de matrimonio porque ahora no se exigen esos documentos y si los exigieran, no podría cumplir el papel de ‘Primera Dama’ en la Casa de Nariño.
La señora Alcoser dispone de un séquito de empleados del palacio presidencial, que se encargan de vestirla y colocarle los mejores atuendos de su vestuario personal. Dispone de peluquero privado y de manicurista que devengan sueldo de magistrado y viajan por el mundo como empleados de primera línea de la familia presidencial. En distintos lugares del mundo la conocen por su elegancia en la indumentaria, por la alegría y el donaire que cautiva a los miembros de la burocracia internacional. Interviene en los nombramientos de ministros, gerentes de institutos descentralizados, asesores del despacho presidencial y como si fuera poco, maneja en gran parte las relaciones del ejecutivo con el Congreso de la República.
Ella conoce los secretos y debilidades del presidente de la república, que suele interrumpir los compromisos protocolarios de la administración, incluyendo el manejo de imagen para que llegue muy bien presentado a las audiencias que se realizan todos los días en el Palacio de Nariño y suele acompañar al veterano canciller Álvaro Leyva Durán, que es el hombre de confianza del primer mandatario y que es el único ministro que tiene la experiencia en las relaciones internacionales de Colombia con el mundo.
Cuando el presidente Petro llega bien vestido a las reuniones de agenda es porque la señora Alcoser  le ha ajustado el nudo de la corbata; le ha revisado sus atuendos, le ha lustrado sus zapatos, le ha colocado elementos de protección para protegerse de los rayos del sol en sus correrías y le ha revisado los discursos que le preparan sus asesores, aunque en la mayoría de los casos, Petro rompe el protocolo para adentrarse en los temas obsesivos y peligrosos, que le han costado a Colombia mucho rechazo en los organismos internacionales, especialmente por su solidaridad con los pueblos de la Palestina, que pierden la guerra en la Franja de Gaza. El presidente Gustavo Petro ha querido parecerse a Napoleón Bonaparte, así, bajito pero atrevido ante los grandes mandatarios del mundo, por su espíritu de combatiente y por su obsesiva pretensión de proteger el cambio climático, para el futuro de la humanidad.
Todos estos arreglos a su figura y a su personalidad los maneja la señora Verónica Alcoser, que remplazó en sus almohadas palaciegas a Marilux, la veterana exguerrillera del Movimiento Diecinueve de Abril, con la que convivió en la clandestinidad de la lucha armada y en los tiempos en que ese grupo subversivo organizaba la toma siniestra del Palacio de Justicia de Colombia, donde fueron masacrados los magistrados de las Altas Cortes, la mayor tragedia que haya existido en el mundo, tratando de ablandar la voluntad del gobierno del expresidente Belisario Betancur en tiempos de bárbaras naciones. Ya no es la guerrillera Marilux la que cuida de la vida y la salud del presidente Gustavo Petro, sino su compañera sentimental, Verónica Alcoser, que como Manuelita Saénz, es la otra imagen de la metamorfosis de aquellos alzados en armas que ahora son los dueños del poder en Colombia.

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