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El gato y el ratón

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Resumen

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Sucedió en un maravilloso país, posiblemente en Colombia, donde celebraba el inolvidable y divertido Festival Mundial de Marionetas y Títeres. Allí se reunieron importantes titiriteros que dan vida a esos fantásticos personajes de hilos y trapos. Los actores llegaron al certamen enguacalados después de un molesto viaje en los maleteros del avión soportando el frío de las nubes y el pánico de ser mordidos por los perros de la aduana, según el chisme salido de otro equipaje que estuvo tras bambalinas años atrás, cuando los títeres organizaron su propio sindicato y eligieron de presidente al ratón Pérez y de secretario al gato Silvestre.

El señor Pérez es un feliz ratoncito blanco que tiene en su cabecita un mechón dorado como capul y peina su bigote negro al estilo de Salvador Dalí. El reconocido ratoncito y señor Pérez, como le decía su anterior jefecita cuando lo empleó, para que hablara con los niños sobre la recompensa que el tierno roedor tiene para ellos a cambio de sus dientecitos de leche caídos.

Durante varias funciones del festival apareció en la tarima un gatito muy real que tuvo al señor Pérez y a Piolín entre ojos esperándolos a que terminaran la función, poco antes de sesionar en el clandestino sindicato, en cuyos estatutos habían planteado el maltrato a los títeres por parte de las mascotas, y que son bañados sin consideración entre los bluyines y el agua fría de la lavadora.

Aunque no quedó en el acta del comité, los títeres se refirieron a la inseguridad a la que se exponían cuando estaban fuera de su jornada laboral. Los títeres también se burlaron de las personas que eran usadas como títeres para lastimar o hacer de las suyas entre los humanos, aunque esto les parecía entre gracioso y tenebroso porque curiosamente esto es más común de lo que parece. Decía el muñeco Pérez, que sólo temía a los gatos, a los perros de la aduana y a las personas que se vuelven útiles títeres de macabros “titiriteros”, y además se sienten muy valientes sin darse cuenta que son manipulados hábilmente.

Del gatito que apareció en la tarima, se dijo que era espectacular el movimiento de su exuberante cola y el caminado elegante con el que amasaba los tablones cuando intimidó al presidente y al secretario, quienes estaban asustados sin poder contener los nervios por tanta admiración. “Ese lindo gatito era tan lindo como peligroso”, decía Piolín.

Varios títeres advirtieron a Pérez y Piolín sobre su amenaza, y les aconsejaron huir cuanto antes y como fuera del teatro. Ellos del susto se ocultaron en una maleta y allí se encontraron a Jerry, Gigio y Mickey, quienes también salieron espantados del festival por lo mismo. Finalmente, Pérez y Silvestre, los demás ratones y otros muñecos concluyeron que el famoso gato era solo una farsa de un maquiavélico titiritero que pretendía coaccionar a los demás títeres y con ellos al hombre; y así, lograr imponer sus intereses para ganar el festival aprovechando las circunstancias del auditorio y la influencia de los trapitos de vida.

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