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El mandato más sagrado

La columna llama a restablecer la institucionalidad y el escalafón meritocrático en la Policía Nacional, reforzando su carácter apolítico y su lealtad a la Constitución.

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La columna llama a restablecer la institucionalidad y el escalafón meritocrático en la Policía Nacional, reforzando su carácter apolítico y su lealtad a la Constitución.

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Por: Luis E. Gilibert

Hay momentos claves en los que el destino de una institución centenaria no se decide en el estruendo de una coyuntura, sino en la entereza moral de quienes sostienen sus riendas.

Hoy, la cúpula de la Policía Nacional de Colombia se encuentra en una de esas encrucijadas históricas, donde el liderazgo transciende el simple ejercicio de la autoridad para convertirse en un acto de preservación republicana. Al asumir la dirección y subdirección del cuerpo civil armado, sus mandos no solo reciben una alta responsabilidad operativa; asumen el encargo sagrado de salvaguardar la esencia misma de una doctrina pulida a lo largo de décadas. El Señor presidente de la República y la providencia les han entregado las llaves de un compromiso insoslayable con Dios, la Patria y los ciudadanos. Sin embargo, este encargo comporta un imperativo ético de primer orden: la restitución plena de la institucionalidad.

Es imperativo encarar con lucidez los desaciertos del pasado reciente. En mala hora, administraciones anteriores rompieron la sucesión del mando establecida rigurosamente en los estatutos de carrera, al llamar a generales en retiro para asumir la conducción institucional. Esa decisión abrió una grieta peligrosa en la arquitectura meritocrática de nuestra Policía.

Quienes hoy por designios del destino deben liderar la institución, están llamados a ser los últimos en llegar desde la condición de reserva para encarar semejante dignidad. A los actuales señores Generales les corresponde el honor de cerrar definitiva y legalmente esa puerta. Junto con el Ejecutivo y Legislativo deben consolidar un marco que garantice la inviolabilidad del escalafón formal, neutralizando la vulnerabilidad de los principios de antigüedad, mérito y formación regidores de la carrera policial. Salvar la policía de los embates de políticas partidistas no es tarea secundaria; es la condición sine qua non para asegurar su supervivencia soberna.

Históricamente, la efectividad del servicio de policía ha radicado en su neutralidad y capacidad para mantenerse al margen de las disputas electorales e ideológicas. Solo una fuerza apolítica puede garantizar los derechos de los colombianos sin distingo alguno. Recuperar ese norte, afirmar el respeto por el estatuto de carrera y defender la filosofía institucional frente las presiones del poder contingente, exige mesura, alto criterio y, sobre todo un carácter inquebrantable.

El momento de actuar es ahora. Los colombianos no esperan discursos complacientes, sino la firmeza de unos lideres dispuestos a trascender. Si el éxito y la grandeza acompañan su gestión, no solo dejarán una institución solidad y respetada, sino que cumplirán la promesa fundacional, de rendir culto únicamente a la Carta Magna.

Que la sabiduría guie cada una de sus decisiones, por lo que la patria agradecida sabrá reconocer a los comandantes que encajaron con valentía el llamado de la historia, para proteger la doctrina y dignidad de su amada Policía Nacional.