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El ojo negro de García Márquez

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Resumen

El artículo relata una anécdota entre los conocidos escritores Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, en la que Vargas Llosa golpea a García Márquez por un conflicto matrimonial y no por celos profesionales, como se especulaba.

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Por: José Oscar Fajardo

Hace unos dos lustros en un encuentro de escritores tuve la oportunidad de conocer a un letrado mexicano, con quién en pocas horas hicimos una buena amistad.

No recuerdo porqué razón, se nos dio por hablar de García Márquez, pero lo cierto es que el mexicano resultó ser amigo de tacos y tequilas de Sonia Poniatowska, una escritora francesa de origen polaco nacionalizada en México, y con quien se encontraba mi nuevo amigo escritor, la noche que Mario Vargas Llosa le zampó un suculento coñazo a Gabito y le puso el ojo derecho como ubre de vaca lechera.

Cuénteme esa historia hermanito, le dije solícito, porque yo sé varias versiones. “Pos ahí va hora nomás manito”, me dijo mamando gallo. Nosotros con Sonia, que ya era famosa, nos encontrábamos en un teatro en ciudad de Méjico, yo era apenas un candidato a ser escritor, esperando la hora para entrar a ver la premier de la película sobre el avión uruguayo que había caído en los Andes, y que hacía unos meses había sido rodada. ¿Es cierto que fue por celos profesionales? Metí la cucharada. Pos ya ve que no, manito, volvió a contestarme. Ahí me di cuenta que era un avezado mamador de gallo como el mismo Gabito.

No manito, era que el Varguitas, así le decían a Vargas Llosa, se consiguió de concubina una azafata sueca divina, y eso llegó a oídos de Patricia, la esposa de Varguitas. Patricia llamó a Gabito, eran compadres, para contarle en medio de lágrimas furtivas la traición de su amado escritor. No puede ser, respondió Gabo. Y en vez de calmar la ira santa de Patricia, Gabito lo que hizo fue echarle más gasolina al fuego, dándole a Patricia unos consejos determinantes y funestos. Las palabras exactas, nunca se supieron, aclaró el mexicano. Pero yo como colombiano me las imagino. Eso métale un garrotazo y rómpale la cabeza a ese traidor, y suspéndale la cosa esa y no le vuelva a dar ni un beso de gula, comadre. No se vaya a dejar joder. Y… Lo demás queda a imaginación del lector.

Esa noche que nos encontrábamos en el teatro, Varguitas también llegó con el mismo objetivo de presenciar la premier. Hola, compadre, le alcanzó a decir Gabo brazos abiertos. Varguitas sin mediar palabra le conectó de saludo un recto de derecha al rostro de Gabo, quien, como Javier Durango, El Flecha, puso de soporte el culo en el piso. Varguitas echaba cachazas de la rabia, mientras que Gabo fue ayudado a incorporarse, y posteriormente trasladado de urgencia al apartamento de Sonia, para allí de inmediato proceder a revivirlo, no aplicándole suero, sino poniéndole compresas heladas de carne de vaca para que Gabito pudiera volver a ver por ese ojo negro y siniestrado, como si le hubiera caído un aerolito en la frente, terminó contándome muerto de la risa el mexicano. Por supuesto yo también me iba desternillando de la risa.

Después caímos en la cuenta, Varguitas veneraba a Gabo y había escrito un ensayo sobre Cien años de soledad, que tenía por título, Historia de un deicidio, que fue considerado por prestigiosos críticos literarios, un análisis maestro sobre una obra maestra. Luego el coñazo no podía ser por celos profesionales, los dos eran grandes escritores, fundadores del Boom Latinoamericano de Literatura, y que llegaron a la gloria del Premio Nobel.

Además, hay que reconocerlo, académicamente Varguitas es mucho más preparado que Gabo. Conclusión: A Gabo le dieron su coñazo fue por pésimo consejero matrimonial. Gabriel José de la Concordia García Márquez, era su nombre completo.

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