El pueblo manda
Más de 26 millones de colombianos votaron, marcando una participación histórica y reafirmando la confianza en la democracia y sus instituciones.
Más de 26 millones de colombianos votaron, marcando una participación histórica y reafirmando la confianza en la democracia y sus instituciones.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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Por: Felipe Rodríguez Espinel
Hay jornadas que uno no olvida. No porque el candidato que uno prefería haya ganado o perdido, sino porque algo más grande que cualquier candidato quedó en pie. El domingo pasado fue una de esas jornadas. Y por eso, con sinceridad y sin reservas, vale la pena decirlo: Colombia tiene razones para estar orgullosa.
Más de 26 millones de colombianos salieron a votar. Muchos bajo el sol, muchos madrugando, muchos cruzando municipios enteros para llegar a una urna. La participación superó el 63 % del censo electoral y rompió el récord histórico de segunda vuelta desde que este mecanismo existe en el país. El abstencionismo cayó por debajo del 40 % por primera vez desde 1998. Esos números no son estadística fría, son millones de personas que decidieron que su voz importa, que el voto sirve, que la democracia merece el esfuerzo de un domingo.
Eso nos llena de satisfacción. No la satisfacción estrecha de quien celebra un resultado, sino la más profunda de quien observa a un pueblo creyendo en sí mismo.
El resultado del preconteo fue ajustado. Menos de 251.000 papeletas separaron a Abelardo de Cepeda. Esa cercanía dice algo valioso, Colombia está dividida, sí, pero dividida de forma activa, comprometida, participante. No es la división del odio que se queda en casa. Es la del ciudadano que va a las urnas a defender lo que cree, y luego acepta o al menos tolera que el vecino piense distinto.
Las instituciones respondieron a la altura. La Registraduría Nacional entregó los primeros resultados con orden y rapidez. La OEA, la Misión de Observación Electoral y la delegación de la Unión Europea acompañaron la jornada y no encontraron evidencia de irregularidades determinantes. La Procuraduría verificó el software de escrutinio con antelación. Los jurados de votación cumplieron su deber en todo el territorio nacional y en 116 consulados alrededor del mundo. Cada eslabón de esa cadena funcionó. Y eso, en un país que ha conocido elecciones manchadas, no es un detalle, es un logro que merece reconocerse.
Felicitaciones a nuestro presidente electo Abelardo de la Espriella, quien asumirá el 7 de agosto con el peso de representar a todos los colombianos. Y reconocimiento también a Iván Cepeda, quien participó en un proceso democrático difícil. Con millones de votos que reflejan una Colombia que también existe y que también merece escucha.
Al momento de escribir esta columna estaban pendientes los escrutinios oficiales, que, de seguro, ratificarán los datos del preconteo. Las instituciones están diseñadas para eso. Que los mecanismos legales funcionen es parte del mismo proceso que celebramos.
Al final, lo que más alegra de este 21 de junio no cabe en un titular político. Cabe en la imagen sencilla de un ciudadano cualquiera, de cualquier partido, formado en una fila para votar. Esa imagen, repetida 26 millones de veces, es la mejor noticia que ha dado Colombia en mucho tiempo.
La democracia no murió. Respiró hondo. Y eso sí merece celebrarse.