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Entre Votar y Botar. El peso de una X

El artículo defiende un voto informado y responsable, por encima de decisiones guiadas solo por emociones o promesas vacías.

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Por: Rodrigo González Márquez*

A estas alturas del partido la mayoría de compatriotas sabe (o cree saber) por quien debe votar según sus convicciones o apuestas de país. Seguramente, de esa mayoría, pocos habrán revisado las propuestas reales de las candidaturas, ni que hablar de los programas de gobierno completos, no hay tiempo para eso.

Las diferencias no son pocas; algunas candidaturas toman en serio las cifras y proponen políticas, programas y acciones en obediencia a una metodología aceptable y responsable.

Otras, llenan la hoja de mensajes soñadores, cargados de adjetivos y adornos que ilusionan a cualquiera, pero sin decir el “cómo” pretenden materializar lo prometido.

Es como comparar, en literatura, un texto de Kafka, Camus o Dostoievsky, con algo de Coelho o Cuauhtémoc Sánchez. No es que el escrito en sí sea malo, todo pasa por la subjetividad; pero existe una diferencia profunda en la calidad de lo estructurado, de lo intencionado; en últimas, de lo responsable con el público. En el caso de lo electoral somos todas y todos los colombianos.

En Columnas previas he insistido en que las soluciones mesiánicas se basan en emociones: como una vela recién encendida ante el apagón, se desvanecen con cualquier soplo. Creo que hay más responsabilidad y esperanza en construir proyectos de largo alcance, que estar cada cuatro años buscando una especie de súper héroe.

En todo caso, es deber (más que derecho en mi modo de ver) materializar nuestra opinión en un voto para definir quien estará al mando del poder ejecutivo en lo venidero. Y como deber, es necesario hacerlo con un mínimo de legitimidad; es necesario un voto informado antes que uno puramente emocional.

Las decisiones basadas en emociones solo funcionan en la ficción; en el mundo real, las consecuencias suelen ser peores que haber desistido de actuar. Por eso, el consejo apunta a darle una oportunidad a la información antes de ingresar a la urna. Soy de los que cree que lo que se vive en la urna, ese enfrentamiento con uno mismo en el que solo existen el tarjetón, el esfero y la conciencia, es una fotografía de mi integridad. Es allí donde resolvemos con una X qué tan sinceros somos con nosotros mismos, y que tan responsables somos con el país. A nadie más podemos engañar. De allí solo saldrá un resultado: la virtud y paz mental, o la decepción y el peso de haber sido incapaces de ser coherentes.

La invitación, entonces, es salir a votar con información de base, con algo de emoción, por supuesto, sin que ésta pese tanto como la responsabilidad. Luego regresar a casa y poder mirar a los ojos a nuestros hijos, a nuestra pareja, o incluso a la mascota, sin una roca de culpa sobre la espalda.

Vote, no importa que su candidato o candidata no puntee, no será un voto perdido, a menos que vote por el que le dijeron o por quien le ofreció algo a cambio.

Si ya no tuvo tiempo de revisar las propuestas, existen opciones que le darán una idea rápida, básica pero no menos eficiente para ejercer el voto con un mejor criterio como Fedecolombia, Transparencia por Colombia, la Misión de Observación Electoral; cuentas como @razonpublica, especiales en los diarios más leídos como El Tiempo, el Espectador, o incluso espacios más sencillos pero que no demeritan en ser una guía aceptable como @politica.apoliticos.

Hagamos el ejercicio. Gocemos del derecho. Cumplamos con el deber. Con menos emoción, con más coherencia, y por supuesto, en paz. Nos vemos en las Urnas.

Memento mori: El único voto que se bota es el que no obedece a nuestra propia conciencia. 

* Docente y Consultor en Resolución de conflictos, seguridad y convivencia ciudadana

X: @rodrygonzalezma