Estas son las dudas que se ciernen sobre el megaprestamo más grande de la historia de Bucaramanga: $538 mil millones
Resumen
Crece la preocupación por el empréstito de Bucaramanga: faltan estudios técnicos, hay dudas sobre costos reales y las obras podrían tardar varios años en comenzar.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
En los pasillos del Concejo de Bucaramanga no solo se discute un número. Se discute una apuesta de ciudad que, para algunos, huele más a promesa acelerada que a proyecto sólido. El empréstito por cerca de 538 mil millones de pesos solicitado por la administración municipal ya superó su primer debate sin sobresaltos, pero detrás de esa aprobación unánime empiezan a emerger fisuras que podrían convertirse en grietas estructurales.
Por Camilo Ernesto Silvera Rueda - Redacción Política / EL FRENTE
El concejal Diego Lozada, una de las voces más críticas en este proceso, no cuestiona la necesidad de invertir ni de endeudarse, pero sí pone el dedo en lo que considera el talón de Aquiles de toda la propuesta: la falta de rigor técnico y financiero en los proyectos que se pretenden ejecutar.
Desde su perspectiva, el debate ha estado montado sobre una narrativa optimista que no coincide con la realidad técnica. Mientras desde la administración se ha sugerido que las obras podrían iniciar en cuestión de meses, Lozada advierte que ese escenario es, en el mejor de los casos, prematuro. En el peor, una ilusión. Según explica, varios de los proyectos incluidos en el paquete ni siquiera cuentan con estudios en fase tres, que son los que permiten pasar del papel a la contratación real. Sin esos estudios, lo que existe son apenas estimaciones, y en el mundo de la obra pública, los estimados tienen una sola dirección: hacia arriba.
Ahí aparece la primera gran preocupación: el costo real. Lozada insiste en que el monto presentado no es definitivo, sino un cálculo preliminar sujeto a variaciones. En otras palabras, la ciudad podría terminar endeudándose más de lo previsto para completar obras cuyo valor final aún no está claro. Es como firmar un cheque en blanco con la esperanza de que alcance.
Pero el problema no termina en los números. EL concejal Lozada explicó que también hay vacíos en aspectos clave como la adquisición de predios, un factor que históricamente ha frenado proyectos de infraestructura en la región. Algunos de los planes contemplados, según el concejal, no tienen claridad sobre los terrenos necesarios ni sobre las implicaciones legales y ambientales, especialmente en zonas donde intervienen corporaciones ambientales o porque existen restricciones ecológicas. Y en una ciudad donde proyectos anteriores han quedado atrapados por licencias ambientales, el fantasma de la parálisis vuelve a aparecer.
Lozada trae a colación un caso emblemático: “El anillo vial externo de Piedecuesta, una obra que, pese a su relevancia, ha permanecido estancada precisamente por obstáculos ambientales. Para él, ese antecedente debería servir como advertencia, no como pie de página”, explicó el corporado.
A esto se suma una crítica más política que técnica, pero no menos contundente: el contraste entre el discurso actual y la ejecución pasada. El concejal cuestiona que una administración que ha manejado cerca de 8 billones de pesos en su periodo no haya logrado concretar obras de gran impacto con recursos propios, y ahora plantee el endeudamiento como la solución central a los problemas de movilidad.
En su lectura, el empréstito no debería ser la primera opción, sino la última. Una herramienta excepcional para cuando las finanzas propias no alcanzan, no un atajo ante la falta de ejecución. De lo contrario, advierte, se corre el riesgo de trasladar la carga financiera a futuras administraciones sin garantizar resultados concretos.
Ojo con los tiempos
Otro punto neurálgico es el tiempo. Mientras el discurso oficial habla de inicios cercanos, Lozada proyecta un calendario mucho más largo. Según su análisis, antes de pensar en maquinaria en las calles, el municipio tendría que invertir miles de millones en estudios técnicos que hoy no existen. Solo ese proceso podría tardar meses o incluso años. Bajo ese escenario, las obras no comenzarían ni en el corto ni en el mediano plazo, y su entrega podría extenderse hasta cuatro o cinco años.
La metáfora que utiliza es sencilla pero contundente: nadie pide un crédito hipotecario sin saber cuánto cuesta la casa. Aquí, asegura, se está intentando hacer exactamente eso.
El trasfondo de sus declaraciones deja una inquietud mayor: la confianza. Lozada plantea que, más allá de la necesidad de las obras, lo que está en juego es la credibilidad de la administración para ejecutarlas. Si con recursos significativamente mayores no se han logrado avances sustanciales, resulta difícil, en su criterio, creer que un endeudamiento menor en proporción vaya a transformar la ciudad.
El proyecto aún debe enfrentar su segundo debate en plenaria, donde se definirá si Bucaramanga asume o no la que sería la deuda más grande de su historia. Pero más allá de la votación, el verdadero pulso está en el terreno de la planeación: si este empréstito será el motor de un cambio real o simplemente una promesa más que se diluye con el paso del tiempo.
Por ahora, la advertencia queda sobre la mesa, casi como una cápsula del tiempo política. Lozada lo dice sin rodeos: si el proyecto avanza tal como está planteado, las obras no comenzarán pronto y podrían tardar años en materializarse. Una predicción que, como él mismo sugiere, será el tiempo el encargado de confirmar… o desmentir.