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Este fue el avión que perdió el techo en pleno vuelo y pudo aterrizar de manera segura

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Resumen

En 1988, un Boeing 737-200 de Aloha Airlines sufrió una descompresión explosiva en pleno vuelo, arrancando parte de su techo. A pesar de la pérdida de sistemas claves, el avión aterrizó con éxito de emergencia en Hawái, resultando en una sola muerte entre los 95 a bordo.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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El 28 de abril de 1988, un Boeing 737-200 de la compañía aérea Aloha Airlines sufrió una descompresión explosiva que arrancó parte del techo de la cabina, dejando al descubierto el cielo y los cables. El avión, que realizaba el vuelo 243 entre el Aeropuerto de Hilo y el Aeropuerto Internacional de Honolulu, ambos en el archipiélago de Hawái (Estados Unidos), logró aterrizar de emergencia en el Aeropuerto de Kahului, en la isla de Maui, con 94 supervivientes de los 95 ocupantes que iban a bordo.

El incidente ocurrió cuando el avión alcanzó la altitud de crucero, unos 7.200 metros, unos 20 minutos después del despegue. Según los testimonios de los pasajeros y la tripulación, se escuchó un fuerte estruendo y se sintió una violenta sacudida. Acto seguido, se produjo una rápida pérdida de presión y temperatura en el interior de la aeronave.

Al mirar hacia arriba, los ocupantes se encontraron con una escena escalofriante: el techo había desaparecido y se podía ver el cielo azul y las nubes. Algunos asientos y objetos salieron volando por la abertura, así como una de las azafatas, Clarabelle Lansing, de 58 años, que fue la única víctima mortal del accidente; su cuerpo jamás fue encontrado. En 1995, el Aeropuerto de Honolulu inauguró un jardín en honor a Clarabelle.

Los héroes de esta historia:

El capitán Robert Schornstheimer, de 44 años, y la copiloto Madeline Tompkins, de 36, se enfrentaron a una situación crítica. El avión había perdido parte de sus sistemas eléctricos, hidráulicos y de comunicación, y se encontraba en una trayectoria descendente. Además, el fuerte viento dificultaba el control de la aeronave y aumentaba el riesgo de que se desprendieran más piezas del fuselaje. Los pilotos lograron estabilizar el avión y dirigirse al aeropuerto más cercano, el de Kahului, donde solicitaron permiso para aterrizar de emergencia. A pesar de las adversidades, consiguieron posar el avión en la pista sin mayores complicaciones, ante el asombro y el aplauso de los pasajeros y el personal de tierra.

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