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Gabo y los críticos literarios

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Resumen

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Es muy difícil fungir de astronauta cuando no sabe cómo funciona una nave espacial. Hasta este momento he leído ya varios comentarios de avezados críticos del arte literario, y, aunque algunos muy acertados, ninguno me ha dejado satisfecho.

Es más, en uno discrepo de tomo a lomo. Yo no he podido entender, por qué el crítico literario, bajo unos conceptos mesiánicos, se cree el dueño de la verdad, y peor aún, director técnico absoluto del gusto de los demás. Un buen trago, así sea de guarapo, en el momento oportuno hay que saberlo saborear.

Que En agosto nos vemos, no es novela porque es un relato corto. Y entonces El Túnel, de Sábato; El Extranjero, de Camus; El Viejo y el mar, de Hemingway; La casa de las Bellas durmientes, de Kawavata ¿qué son? ¿Simples sainetes? Lo bueno, si breve, dos veces bueno, reza un postulado de la literatura genial. Que “En agosto nos vemos”, además de corta es un pésimo relato de Gabo, opinan algunos césares de la crítica.

Y a los que nos gustó, y que sabemos de eso y damos nuestras razones fundamentadas con bases académicas y profesionales sólidas ¿nos mandan a la papelera de reciclaje? ¿Luego de una novela o de un cuento, sólo se mira la estructura narrativa? ¿el lenguaje? ¿la extensión? Por ahí escuché una comentarista quien calificó de “flojos relatos” Los 12 cuentos peregrinos. A esa “erudita” le parecen flojos, Yo sólo vine a hablar por teléfono; El rastro de tu sangre en la nieve, y el resto. Yo le aconsejaría que, mejor se convierta en comentarista de fútbol y acompañe a Carlos Antonio Vélez.

Me parece muy acertado y respetable lo que opina Pilar Reyes, directora editorial de Penguin Randon House, cuando afirma que, “esta no es en sí una obra maestra, pero tiene momentos luminosos con la mejor prosa de Gabo y una historia…” La única que sí pensó en la historia de Ana Magdalena Bach como la abnegada esposa de Doménico Amarís, que también sufre de hartazgo como muchas esposas decentes, sin ser putas, que tiene sueños de otros amores diferentes al cotidiano que ya ahíta. En él advierte que el sexo es, ante todo, placer, no reproducción, ni mucho menos pecado mortal, argumento con el cual la antropología religiosa pervierte lo más sublime que tiene el amor erótico que es el orgasmo.

Esos críticos se adhieren a lo estructural, al lenguaje, a la mera construcción literaria, y ni siquiera mencionan la sicología de los personajes, y mucho menos hacen referencia al psicoanálisis que es fundamentalmente, sueños y eros. No deducen nada estos críticos banales de la “agresión psicológica” que le hace el billete de 20 dólares dejado en el libro. ¿Vende sexo Ana Magdalena? O está desmitificando el sexo como objeto sagrado. Me gustaría saber qué dice Siri Hustvedt, escritora norteamericana especializada en este tipo de relatos en defensa de la mujer.

Y me parece más superficial y endeble el argumento contra los hermanos García Barcha, hijos de Gabo, por “vender” los derechos del texto, puesto que lo habían hecho por plata. Y… ¿qué no es negocio en el capitalismo? Qué hubiera sido de la obra de Kafka, ya muerto, si a Max Broad, quien guardaba los originales, no permite que se publiquen.

Y más verraco aún. ¿Será pecado mortal ganarse un mundanal de millones de dólares, unos 10, por permitirle al mundo intelectual degustar y asombrarse, así sea a medias, a través de la magia literaria de uno de los más grandes escritores de todos los tiempos? Escucho conceptos que no sean perversos.

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