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Gran encuentro de escritores

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Resumen

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“Por eso salgo siempre a caminar, en busca de una flor para mascar. Pensando que, a la vuelta de la tarde, el trabajo, con que sueño, ya es verdad”. Es una frase de esa inolvidable canción que nos conmovía las fibras más profundas cuando se escuchaba en la emisora del pueblo a Pablus Gallinazo entonando esa plegaria para que le saliera un trabajo.

Muchos años después frente al pelotón de fusilamiento, evocando a García Márquez, Pablus regresó a Barbosa puesto que, en tiempos remotos ya nos había visitado, y desde ese entonces se hizo amigo del hoy, de nuevo alcalde Marcos Cortés.

Cuando yo le propuse a Marcos que hiciéramos un encuentro de escritores bien bacano, con gente de marca y estirpe, el hombre me copio de inmediato y de una vez me dijo que él invitaba personalmente a Pablus Gallinazo y de paso a Jotamario Arbeláez, este último, casi nada, cofundador, con Gonzalo Arango, del Movimiento Nadaísta de Colombia, por aquella época en que los colombianos todavía seguían siendo victorianos, bizantinos y beatos.

Pero como el Nadaísmo era hijo bastardo del Dadaísmo de Tristan Tzara, poeta y dramaturgo rumano que, con otros intelectuales cómplices de la misma ralea, proponían la ruptura de toda regla y toda norma dándole vida, sangre y oxígeno al Antiarte, y de eso también comía el Nadaísmo. Para completar la dicha, como el Surrealismo, todos estos succionaban alimento y nutrientes a la teoría del Psicoanálisis que había creado el médico neurólogo Sigmund Freud en Alemania. Entonces calculen ustedes el sirope literario y artístico que armaron en Barbosa Jotamario y Pablus y sus esposas Claudia y Tita respetivamente. Y a ellos adiciónenle a un tal Silvio González, poeta y escritor un tantico “discoleto”, y a otro tal Alonso Quintín Gutiérrez, “vencedor de Tibacuy, que, robose sesenta mulas y quedose fresco muy”.

La más juiciosa de todos, tenía un catarro ni el berraco, fue la licenciada Maribel García, especialista en literatura infantil, quien realizó unos talleres en un colegio de tal magnitud que convirtió a todos los chinos en escritores y poetas. El alcalde Marcos Cortés se fajó dos conciertos de historia, déjenme decir así, dos conciertos de historia, de la conquista y colonia en la provincia de Vélez, y habló tanto de los indios y de los asentamientos indígenas del sector, de los Agataes, de los Cocomés, de los Chipataes, de los Cimitarras y de los Uvazaes del otro lado del río Saravita,  que Tita, la esposa de Pablus Gallinazo, le dijo  que sólo le había hecho falta un arco y un costal de flechas y haber ido vestido con saco de paño y taparrabos.

Pero el plato fuerte lo elaboró un chivato escritor con pinta de actor de cine, muy parecido a Chita, el chimpancé amigo de Tarzán, quien declamó y le dedicó a su exnovia, chata ella y redondita un poquito descalzurriadita y quien le sacó el quite por no escribir bonito, de Pablo Neruda, Me gustas cuando callas porque estás como ausente, pero él dijo, porque estás como más gorda. Meses atrás esa antiestética apreciación le costó el abandono.

También se rindió un bello homenaje a los profesores de todas las instituciones educativas. Para el cierre ese día, el alcalde repartió marrana a diestra y siniestra en Modo Lechona. Entonces un chivato poeta desbordado desconfigurado y desproporcionado, genialmente mamador de gallo y oriundo de Firavitoba, Boyacá, acotó que la lechona estaba deliciosa pero que la marrana estaba tan flaca, que habían tenido que comprar aceite de olivas para fritar el tocino. Apoteósica resultó la actuación de la Banda Filarmónica Juvenil de Barbosa interpretando melodías propias del folclor de la provincia.

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