La cápsula
Resumen
Lácides Puertas imagina una cápsula para convertir dolores, resentimientos y maldad en paz, amor y sabiduría.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)Por: Claudio Valdivieso
Lácides Puertas decidió tomarse unas horas de vagancia para continuar con lo que nunca deja de hacer… pensar en lo que se le dé la gana. Es verdad que Lácides no tiene privilegios, tampoco es remunerado por el continuo uso de su imaginación y mucho menos tiene derecho a descansar. Hoy, el explotado personaje despertó rebelde, pero muy feliz; simplemente, amaneció como siempre: curioso, inquieto, explorador, sarcástico y reflexivo.
El protagonista nacido de la tinta insiste en diseñar un aparato que pueda conectarse del corazón al cerebro y al alma, como un convertidor de corriente para procesar los dolores del alma en sabiduría. Sostiene Lácides, que, lamentablemente, la sabiduría del hombre no se puede insertar y mucho menos recetar con una fórmula médica; tampoco se puede transmitir en besos y mucho menos inyectarse.
Patentar este aparato es uno de los propósitos que tampoco deja en paz sus alucinaciones, él insiste que este instrumento ayudaría a revertir el resentimiento, la ira, la envidia y la soberbia para procesarla en paz y amor, de modo que el alma y el espíritu pueda convivir en un entorno de armonía sin aspirar a la ambiciosa idea de obtener la cuestionada felicidad absoluta.
En la clandestinidad de su personaje visitó a un psiquiatra, un psicólogo, al cura y al sacristán, un ingeniero químico, otro electrónico, y les mostró los planos de su proyecto y por esto le declararon loco. A Lácides le preocupaba perder los derechos de su misterioso secreto ya que pondría en riesgo sus aspiraciones de recibir un premio Nobel de Paz. El nombre del aparato estaría bajo reserva hasta el día de obtener la patente.
Lácides, sostiene que la diversidad de los seres humanos les permite beneficios a unos cómo la gratitud, el sentido común, la lógica, el amor y la coherencia; a otros, aparentemente, les tocó el perjuicio de llevar a cuestas el lastre de la soberbia, la terquedad y la miseria de la deslealtad. Insiste Lácides que su instrumento no cambiaría el sistema de la vida, pero sí mejoraría muchísimo la paz interior de quienes son desvelados por el resentimiento al responsabilizar a los demás de sus desgracias.
El supuesto artefacto traería unos chips para gestionar el perdón propio y el de los demás; igualmente, contaría con unos diminutos filamentos que generaría descargas eléctricas para detener cualquier maldadoso pensamiento, la difamación al prójimo e inmovilizar las acciones malintencionadas, entre otras.
El ingeniero electrónico sostuvo que, por tanta maldad de la gente quedarían electrocutadas; el cura rechazó este aparato manifestando que la fe y la coherencia de sus actos son apenas suficientes. El sacristán, incrédulo, apenas le daba vuelticas a la camándula sin opinar. Los profesionales de la salud acordaron que sería imposible insertar la coherencia de las acciones en la conciencia y la mente.
El ingeniero químico pensó que esto sí sería viable, de pronto, al crearse una cápsula para ingerir con agua bendita, un laxante que expulsara la maldad, los parásitos emocionales y los demonios que resultan de la soberbia.