La envidia envenena
Resumen
Barbosa, a diferencia de municipios históricos cercanos, se desarrolló sin un feudalismo rígido. Su joven economía y cultura florecieron rápidamente, atrayendo diversa población. Aunque enfrenta desorden social, campañas culturales buscan mejorar la imagen de la ciudad.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Por: José Oscar Fajardo
Hay una frase que se escucha en la capital del Departamento de Santander y en algunos municipios y ciudades vecinas. De pronto también en Boyacá. Bueno, y quién sabe dónde más. “Vayan a Barbosa que allá puede uno hacer lo que le dé la gana”. Ese es poco más o menos el contenido de la agresiva frasecita. Pacatos mentirosos, lunfardos de trasnochadero, así no es.
Lo que pasa es que la sociología de la ciudad es bastante diferente a la de otros municipios aledaños, que pasan de los trescientos años de fundados, y eso es determinante. Lo he dicho en mis escritos y de manera oral en mi oficio de escritor y periodista, es que Barbosa es un municipio demasiado joven, pequeño físicamente, y con un arraigo cultural supremamente diferente a sus vecinos, poblaciones todas coloniales y en gran medida rurales.
¿Qué ocurre con eso? Que Barbosa no pasó por un feudalismo nítido como sí ocurrió con Vélez, Puente Nacional, Güepsa, El Socorro y San Gil, y Moniquirá, Chiquinquirá, Tunja. La economía de Barbosa empezó por un pequeño mercantil-capitalismo en su propia dimensión, y dadas las circunstancias de la época. Es erigido municipio sólo hasta el 21 junio de 1940. A Barbosa llegó el tren en 1934 y la transferencia socio-cultural y económica que hubo, cambió todo sustancialmente.
Se creó una empresa importadora de carros Ford directamente de los Estados Unidos, que se denominó precisamente Importadora Barbosa. Quedaba donde hoy funciona Comultrasan. Se fundó una empresa singular de servicio de transporte aéreo que se llamó Taxader, Taxi aéreo de Santander. Había una fábrica de gaseosas y de la misma manera nació, con instalaciones propias, una fábrica de aceites y grasas de consumo humano, lo que posteriormente, dicen, fue Acegrasas. Hoy el sector se denomina Las Graseras, y allí se ubican modernas fábricas de bocadillos. Había capital circulante y eso atrajo mano de obra obrera y profesional que produjo crecimiento económico.
Se fundaron las primeras casas de lenocinio como Matemango, Las Camelias, Bucamba, Jirafa Roja, y otros servicios de diversión que “magnetizaron” gente de muchos sectores del país.
En 1961 nace el Carnaval de don Facundo Moraita, posteriormente el Festival Nacional del Río Suárez, que, junto con la creación de la sede de la Universidad Industrial de Santander en 1995, jalonaron gente de varios departamentos aledaños. En consecuencia, se disparó la industria de la construcción, presionada por la inusitada demanda de vivienda. Total, en pocos años Barbosa se pobló de gente de todas las clases y raigambres, buenas, progresistas y honradas. Pero también arribó el sector lumpen, de baja pelambre, como es normal en cualquier sociedad en desarrollo, donde todos los días crecen los mercados libres. Hay cierto desorden y una cultura ciudadana pésima.
Pero a Barbosa, lo hemos podido detectar, intentan “ponérsela de ruana”, son los desadaptados y mañosos que llegan. Los equivocados convencidos que, porque vienen de algunas ciudades importantes, con sus malas mañas, pueden hacer lo que les pega la gana, y así no es.
También influye que la voluminosa vocación comercial y turística, el clima y sus mujeres bellas, y eso crea cierto desgreño. La enorme población flotante y el flujo vehicular, excesivos, ahondan el problema. Pero es mentira que en Barbosa todo el que llega hace lo que le quiera. Algunas instituciones como la UIS, junto con medianos círculos de gente culta y progresista, estamos generando ambiente artístico y promoviendo campañas culturales con el fin de combatir ese flagelo social.
Para el mes de abril ya se están planeando los encuentros nacional y regional de escritores y poetas, por lo menos en la UIS, y la administración municipal, muy seguramente estará “craneando” lo mismo. Veremos si la pésima cultura ciudadana “pordebajea” la decencia y la Cultura de las Bellas Artes.