La experiencia perdida de leer
Por Benly Vallejo*

23:03. "Hello miss, sorry it is late, but I have been struggling a lot with this graphic novel, I am really worried for tomorrow". Recibí este mensaje la noche antes de un examen.
El mensaje me despertó. Pude ignorarlo. No lo hice. Mientras leía, pensé en algo incómodo: no era solo un problema de esa estudiante. Era algo más amplio. Más silencioso.
Ya no sabemos leer. O peor aún, creemos que leer es simplemente una habilidad académica, una tarea que se completa, se entrega y se olvida, cuando en realidad es una experiencia que nos transforma. Y esa experiencia se está perdiendo.
La paradoja es evidente. Nunca nos habíamos detenido para pensarlo, pero tenemos tanto acceso a historias: novelas, adaptaciones, resúmenes, videos explicativos. Incluso el libro que tanto le preocupaba, una novela gráfica, debería, en teoría, facilitar la comprensión. Imágenes, secuencias visuales, contexto. Todo está ahí.
Y aún así, no es suficiente. Porque el problema no es el formato, sino la relación que hemos construido con la lectura.
Leer exige, demanda tiempo; exige algo que cada vez evitamos más: lentitud! Atención. La incomodidad de no entender inmediatamente. La capacidad de permanecer en una página sin la recompensa instantánea de una notificación, un scroll o un "like".
La tecnología, nuestra aliada diaria, no destruyó la lectura. Pero sí nos entrenó para consumir en lugar de sumergirnos.
Por eso un estudiante puede seguir la trama de una serie de diez horas, pero sentirse perdido después de leer diez páginas de una novela. No es falta de inteligencia. Es falta de práctica en la profundidad. Y ahí comienza nuestra responsabilidad.
Cuando enseñamos literatura como contenido, fechas, términos, evaluaciones, reforzamos la idea de que leer es simplemente otra obligación. Pero cuando les recordamos a nuestros jóvenes que leer es entrar en otra conciencia, otra vida, otra realidad, todo cambia. Leer no es pasar páginas. Es permitir que las páginas nos transformen.
Esa noche respondí el mensaje. No con una solución inmediata, sino con una invitación más difícil: volver a leer, lentamente, sin el miedo de no entenderlo todo de inmediato, sin buscar la respuesta correcta desde la primera línea. ¿Existe acaso una respuesta correcta?
Porque el verdadero problema no es que los estudiantes no sepan leer. Es que muchos ya no saben lo que significa realmente leer.
* Directora del Departamento de Inglés en el BIS