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La hora de la verdad para Colombia

La verdadera prueba para Colombia llegará tras las elecciones: respetar las reglas democráticas, las instituciones y evitar que las diferencias deriven en violencia.

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La verdadera prueba para Colombia llegará tras las elecciones: respetar las reglas democráticas, las instituciones y evitar que las diferencias deriven en violencia.

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Por: Diego Vásquez

A pocos días de definir quién será el próximo presidente de Colombia, la tensión, la incertidumbre y la polarización vuelven a instalarse en cada conversación, en cada familia y en cada escenario público. Los colombianos nos preguntamos constantemente: ¿De qué lado estamos? Pero quizá la pregunta más importante sea otra: ¿Estamos realmente del lado correcto?

No existe una fórmula mágica para responderlo. Sin embargo, sí tenemos la capacidad de discernir, analizar y evaluar. Podemos observar trayectorias, contrastar resultados, revisar comportamientos y valorar las propuestas que hoy se presentan como alternativas para dirigir la Nación.

Jesucristo expresó una frase que ha trascendido generaciones y continúa invitando a la reflexión: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Aquellas palabras recordaban la imperfección propia de la condición humana.

Ninguna opción es perfecta. Ningún candidato está libre de errores, cuestionamientos o contradicciones. Pero reconocer esa realidad no significa renunciar al juicio crítico. Entre las alternativas existen diferencias evidentes en sus visiones de país, sus comportamientos, sus antecedentes y la forma como entienden el ejercicio del poder.

Por eso, más allá de las simpatías personales o las afinidades ideológicas, el análisis debe centrarse en elementos objetivos. Los colombianos no solo debemos observar a los candidatos, sino también a quienes los acompañan, las fórmulas vicepresidenciales que han escogido, los sectores que respaldan sus campañas, los equipos que los rodean y las señales que envían sobre la manera en que ejercerían el poder.

En una elección presidencial no está en juego únicamente una persona, sino un proyecto de nación. Allí es donde cada ciudadano debe preguntarse qué representa realmente cada opción; si estamos ante la continuidad de un modelo que hoy genera profundas preocupaciones e incertidumbres, o frente a una alternativa que ofrece corregir el rumbo, recuperar la confianza en las instituciones y abrir nuevas oportunidades de progreso.

 

Pero más allá de la campaña electoral, la verdadera prueba para Colombia comenzará el día después de las elecciones. En democracia es natural que unos celebren y otros lamenten los resultados; lo que no puede aceptarse es que las diferencias políticas deriven en violencia, bloqueos, vandalismo o presiones contra las instituciones y la ciudadanía. Los periodos poselectorales suelen ser especialmente sensibles, más aún cuando desde algunos sectores ya se insinúan escenarios de confrontación si el resultado no coincide con sus expectativas.

Por ello, más que nunca, se requiere responsabilidad ciudadana, liderazgo institucional y respeto absoluto por las reglas democráticas, pues de la forma en que el país afronte ese momento dependerá en gran medida la estabilidad política, social e institucional de la Nación durante los próximos años.

En este escenario, el mensaje para los hombres y mujeres de las Fuerzas Militares y de Policía debe ser claro y contundente. La Nación confía en ustedes porque sabe que, en los momentos más complejos de nuestra historia, han sido uno de los principales pilares de estabilidad. Su compromiso no está con intereses políticos, ideológicos o personales, sino con la Constitución, la ley y la defensa de la democracia.

Y es precisamente por ello que, cuando el orden social, el Estado de Derecho o las libertades fundamentales se vean amenazadas por cualquier actor, las Fuerzas Militares y de Policía tienen el deber de actuar dentro del marco de la ley para proteger a la Nación, preservar el orden institucional y garantizar que prevalezcan las reglas de la democracia frente a cualquier intento de imponer el caos o la violencia.

La democracia no termina cuando se cierran las urnas; es precisamente allí donde comienza la verdadera prueba de madurez de una nación. Más allá de quién gane o pierda, el desafío será demostrar que Colombia sigue siendo capaz de resolver sus diferencias dentro del marco de la ley, respetando sus instituciones y preservando la estabilidad que tanto esfuerzo ha costado construir.