La patología de la inmediatez

Resumen

La prisa y lo inmediato están debilitando el valor del esfuerzo, la espera y lo elaborado.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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Por: Rodrigo Gonzáles Márquez

Dicen los expertos que para un buen plato de carne se requiere haber seleccionado un buen ganado, un buen corte, una maduración controlada, una dosis adecuada de sal; pero lo que más necesita es paciencia y control del fuego. Hay una especie de acuerdo comunal en que se disfruta en mayor medida un producto construido por uno mismo, que uno que ya esté hecho. La celebración de culminar un LEGO® se asemeja al gol en la final del mundial en comparación con recibir como regalo uno ya construido.

El elogio de la dificultad, ensayo del gran pensador y orador paisa Estanislao Zuleta, debería ocupar los estantes de las instituciones educativas de nuestro país, en especial en aquella etapa transitoria en la que la comunidad juvenil toma decisiones trascendentales para su futuro laboral. Allí, Zuleta muestra una especie de sistema que tasa el valor que se da a las cosas, a las experiencias, a las situaciones de nuestro diario vivir. La idealización de una vida sin problemas, ese sueño que constantemente agobia al ser humano, hace que los sueños y metas renuncien voluntariamente a lo que perfuma nuestra vida: el poder superar obstáculos.

En la era de la “inmediatez del click” todo está a nuestro alcance. Aquellos tiempos en los que ver una película en casa se convertía en un plan de todo el domingo: alistarse para ir a la tienda de renta de casettes, en el mejor de los casos un par de horas seleccionando la película ganadora, rebobinar, y finalmente volver al sillón, fue abolido por un catálogo sin fin en las plataformas digitales. Preparar un café solo depende de tener agua caliente y la capacidad de rebullir sin cadencia si quiera. Ya no es necesario esperar una semana para ver nuestro programa favorito, o sintonizar por largas horas al DJ de la radio estación para escuchar el éxito del momento; podemos engullir una serie entera en una noche, podemos crear infinidad de “playlist” en Spotify®.

Vivimos en un mundo en el que la velocidad anula la experiencia; en el que los productos “instantáneos” son los reyes del supermercado. El goce de la preparación es reemplazado por el “scroll” infinito. El poder reside en la sinergia entre la tarjeta de crédito y el dedo índice.  

Estamos ante una patología de la prisa; un exceso de excesos que va desvaneciendo el goce; una atrofia funcional que no encuentra límites; una desaparición de fronteras entre el “querer” y el “tener”. Tal vez allí reside el impulso desmesurado que hoy nos agobia en el día a día. Queremos tenerlo todo, queremos tenerlo fácil, queremos tenerlo ya. Hay un grito que se ahoga al interior que busca darle sentido a nuestra existencia. Cuando no hay dificultad no se valora el producto.

Cuando tengo disponibles mil películas, cien partidos de fútbol, los ganadores del Grammy año por año, las series de infancia completas y sin comerciales, un catálogo interminable de hamburguesas a media hora de ser servidas en mi mesa, el sentido de lucha por lograr algo simplemente no nace. Tal vez esto explique en parte la comunidad de los “NINI´s”; tal vez permee la explicación de la violencia impulsiva que gana terreno a pasos agigantados. Solo es posible vislumbrar una opción esperanzadora: es nuestro deber rescatar y dar sentido; es necesario, hoy más que siempre, devolver el valor al tiempo, a lo complejo, a lo elaborado.  

Memento Mori: las patologías deben ser diagnosticadas; el tratamiento, sugerido. El remedio es lo único que depende de nosotros mismos.

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