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Las cárceles son la oficina de despacho de temidos criminales

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Resumen

El sistema carcelario colombiano es un núcleo de crimen organizado, con el poder en manos de los presos, en lugar de las autoridades. La corrupción penetrante permite que se cometan crímenes desde dentro de las cárceles, involucrando a guardias, policías y políticos.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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El sistema carcelario en Colombia es inviable desde todos los ángulos desde donde se lo mire, porque allí ha hecho metástasis el crimen organizado, tanto desde los que están presos y condenados, los guardianes, hasta personas externas, los cuales se encargan de alimentar ese monstruo de mil cabezas, imposible de exterminar.

No es una paradoja que delincuentes tras las rejas sean líderes temidos de bandas que operan desde las cárceles, pero su accionar se ejecuta en las afueras donde se cometen todo tipo de crímenes, sino una realidad que se ‘normalizo’ porque en Colombia la corrupción supera la ficción.

El asesinato del coronel (r) Elmer Fernández Velasco, Director de la cárcel La Modelo, en Bogotá, es sólo la corroboración que tiene más poder de acción, decisión y ejecución, un criminal encerrado que la seguridad externa para todos los colombianos, víctimas a diario de cada fechoría que emana desde los centros penitenciarios.

Toda esta actividad criminal gestada desde las celdas y los peligrosos patios de las prisiones, tiene un hilo conductor que enlaza, en una telaraña tejida con meticulosidad, a traficantes de drogas, a tratantes de blancas, a guardianes, directores, policías, políticos, ciudadanos del común y hasta comerciantes legales, porque todos ellos han visto que, tras las rejas, se puede conseguir dinero fácil sin dejar huellas.

Si los investigadores cumplieran su tarea a cabalidad, ya hubiesen notado que no existe ningún eslabón perdido en esta cadena de sucesos, porque todo empieza con los guardianes del INPEC -sabemos que vamos a tener protesta de los mil y un sindicatos existentes de esa entidad, pero no podemos tapar el sol con un dedo- encargados de dejar circular cualesquiera cantidad de mercancías de todo tipo como licores drogas, celulares, comida, colchones, cobijas, ropa, dinero en efectivo, armas, y muchas otras que se convirtieron en ‘normales’ para todo el mundo.

Pero en ese bajo mundo, los guardianes también son cómplices de haber convertido en mercancía a mujeres, grupos musicales y visitantes furtivos, porque para ingresar a deshoras, todo tiene un precio, que es muy elevado, porque hay que untar demasiadas manos.

Han pasado tantas cosas en las cárceles colombiana que no son hechos aislados, sino engranaje de una empresa de delitos continuados, porque se va desde la simple entrada de un celular con todos los servicios, hasta la fuga de presos peligrosos con la complicidad de personas, dentro y fuera de las penitenciarías.

Aun así, se pretende construir más cárceles, como en Barrancabermeja, Santander, no sin antes cercenar de raíz ese monstruo que tiene brazos y piernas repartidos por todos los centros de reclusión, de hombres y mujeres, porque hacen parte de un macabro engranaje que amenaza, extorsiona, roba, estafa, viola y asesina, con la complicidad, sin investigaciones exhaustivas ni castigos, de guardianes y personal civil, de todas las esferas, que han contribuido para que los reclusorios sean las oficinas de despacho de temidos criminales.

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