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Las guerras que Colombia no ha querido terminar

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Resumen

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Aún le queda una semana a este año que se presentó con muchos ropajes y del cual algunos sacaron réditos que transformaron en ventajas y otros se estrellaron porque en su intención de no dejar hacer, tampoco pudieron sacar adelante sus nefastos propósitos.

Otra Navidad, otro Año mas que pasa y aún tenemos en Colombia departamentos bañados en sangre, paralizados de terror y con olor a muerte, todo por culpa de unos individuos que hicieron de la guerra y el miedo su ideario de sentirse poderosos y se han topado, desde la otra orilla, con un grupo de insensatos, para quienes la guerra es un negocio.

Colombia no ha estado sumida en guerra en los últimos sesenta años. No. Esa guerra está arraigada en el territorio nacional y en los genes de sus hijos desde los albores de la patria. No es la misma guerra, son varias que se han desprendido de esas luchas intestinas.

Los asesinatos, secuestros, desplazamientos y amenazas continúan rampantes, cual monstruo de mil cabezas al que le cortan una, y diez más surgen con sed de sangre, y perpetúan las masacres sin ápice de respeto por la vida humana.

Esas guerras que Colombia no ha querido terminar están unidas con eslabones que no son fáciles de zafar, pero tampoco imposible de lograrlo. Sólo falta voluntad política, sinceridad y seriedad entre los actores y poner el alma para acabar con el desangramiento del país.

El eje central es el narcotráfico. Carteles extranjeros que entraron al país, aupados por cómplices de altas esferas, se han tomado territorios como el Catatumbo, Buenaventura, el Cauca, Tumaco, entre otros, porque ofrecen caminos expeditos hacia el mar para sacar sus cargamentos, ahora venidos a menos en el precio por la aparición de drogas sintéticas se fabrican por toneladas en Europa y Asía y que ahora, esos mismos carteles, tratan de meter en Colombia.

Es por eso que, si se acaban esas guerras que son unilaterales porque los criminales de los grupos comunes o de disidencias o de los que hacen llamar guerrilleros, no tienen otro propósito sino el de aterrorizar a las poblaciones, porque la Fuerza Pública no cuenta con radio de acción, porque lo maniataron con la Paz Total.

Estamos convencidos de que en esas mesas de negociación deben estar presentes representantes de la sociedad, de los pueblos que sufren esas guerras, no sólo criminales y Gobierno, porque es el pueblo quien reclama la paz que se merece.

Quisiéramos, en vísperas de cada Noche Buena, escribir sobre otros temas acordes con la época, que pudiéramos expresar en un editorial que por fin hay una Navidad en donde todos los colombianos podemos dormir en paz, que el año terminó sin masacres, sin muertes violentas, sin secuestros, sin combates fratricidas, sin mutilados por minas antipersonal, que los carteles de las drogas se acabaron, pero nos enfrentamos a la misma cruda realidad.

La verdadera barbarie y crueldad de esas guerras no tocan las ciudades. El horror que viven quienes están donde la muerte acecha a cada paso y los criminales imponen su ley, como si fueran los dueños del territorio y de la vida, está reflejado en los ojos vacíos y apagados de esos seres indefensos, mostrados por las cámaras, cada vez que los noticieros llegan a reportar como entierran a sus muertos.

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