Las huellas del 8M
El pasado 8 de marzo, día Internacional de la Mujer, primeramente, es un acto de lucha y resistencia, donde se recuerdan las conquistas logradas y los retos pendientes en la constante búsqueda de las mujeres por igualdad de oportunidades y justicia; en un mundo que no ha trascendido de manera real hacia un respeto total por los derechos de nosotras desde la vida hasta nuestras libertades individuales y colectivas. No obstante lo anterior, no hay que desconocer los grandes avances en materia de espacios y reconocimientos de la valía de las féminas, dentro de escenarios tan competitivos y tradicionalmente machistas como las ciencias, las tecnologías, la política y la academia.
Las movilizaciones, que se replicaron en diversas partes del mundo, encuentran su génesis, en la lucha de las mujeres por sus derechos laborales y civiles. El 8M fue acogido en el siglo XX por diversas organizaciones feministas, recordando el trágico incendio de la fábrica Cotton en Nueva York en 1908, donde más de 140 mujeres murieron prácticamente quemadas, por atreverse a exigir mejores condiciones de trabajo.
Estas movilizaciones estuvieron llenas de actos culturales y muestras artísticas, exhibiendo pancartas multicolores con diversos mensajes en apoyo a los derechos de las mujeres, sin distingo alguno, como subrayó la defensora del Pueblo, Iris Marín Ortiz: “No hay una sola forma de ser mujer ni una manera correcta de serlo. Hay mujeres jóvenes, ancianas, blancas, afrodescendientes, indígenas, rurales, urbanas, pobres, ricas, quienes quieren tener hijos y quienes no quieren tener hijos, mujeres lesbianas, mujeres trans. Todas somos mujeres discriminadas por la misma causa, pero enfrentamos la discriminación de manera distinta y algunas enfrentan más discriminaciones que otras” (Tomado del portal de noticias de la FM).
Pero resulta a su vez interesante que la misma defensora del Pueblo, Iris Marín, rechazara enérgicamente los actos vandálicos ocurridos durante la mencionada marcha, en los que se agredió, por ejemplo, el monumento en honor a Luis Carlos Galán Sarmiento en Bogotá.
En un mensaje publicado en su cuenta de X, la funcionaria señaló que tales acciones “no son coherentes con la causa feminista”. Y sin lugar a duda le asiste razón, ya que las violencias basadas en género, de las cuales seguimos siendo víctimas, no deberían ser replicadas de forma distorsionada por algunos colectivos feministas fundamentalistas, que han tomado la causa de nosotras las mujeres, como catarsis de odios personales y resentimientos políticos. Esos grupos no me representan.
Yo me quedo con el universo femenino, creativo, resiliente, constructor y unificador, ese que todos los días nos impulsa a luchar por nuestros hogares, hijos y antes que nada por nosotras mismas.