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Las mujeres seguimos llorando y facturando

Resumen

Llorar es natural y humano, trascendiendo géneros. Aunque el empoderamiento moderno promueve ocultar las lágrimas, estas siguen siendo una herramienta esencial para la catarsis y la sanación emocional.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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by Doris Ortega
Las mujeres seguimos llorando y facturando

Por: Doris Ortega Galindo

“Hoy escribo para las mujeres que lloran en silencio. Escribo para aquellas valientes que lloran a escondidas, mordiendo la almohada cada noche porque no hay palabras que sean escuchadas, porque no hay llanto que sea comprendido”. Mario Benedetti, escritor uruguayo.

Entiendo que, para muchos, llorar es signo de debilidad y hasta de feminidad, pero están en definitiva alejados de la realidad. Nacemos llorando fuerte como una manera, quizá, de activar nuestra vitalidad y entre lágrimas empezamos a entender de qué está hecho el mundo, con sus mieles y sabores amargos.

Yo vengo de una generación en donde se nos inculcaba que solo “las mujeres debíamos llorar” y el llanto se constituyó, para las féminas, en uno de sus rasgos distintivos, donde se reflejaba el sentimentalismo en su máxima expresión. Pero resulta que llorar es lo más humano del mundo, sin distingos de género, y como todo en la naturaleza, las lágrimas, emocionalmente hablando, tienen una razón de ser. Bien lo expresaba Shakespeare: “Llorar es hacer menos profundo el duelo” o, como lo escribió el filósofo griego Aristóteles, las lágrimas “limpian la mente”. Lo anterior explica que el llanto se puede constituir en una catarsis, ya que proporciona alivio en situaciones personales estresantes o cargadas de dolor, decepción, miedo o frustración.

Pero resulta que ahora, en la era del Metaverso, ni siquiera las mujeres “debemos llorar”, porque eso de derramar “lágrimas a cántaros” no va con el empoderamiento femenino que tanto promueven las redes sociales, como señal de éxito y felicidad. Lo anterior me aterra de sobremanera, pues el soplo de nuestra esencia humana, las alegrías o tristezas, entre otros sentimientos, es lo que nos hace diametralmente diferentes a las máquinas.

Me rebelo a ese grito libertario hecho canción por nuestra monumental cantante Shakira: “Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan”, porque yo, como humana, no como mujer, necesito del llanto para expresar, transmutar, reencontrarme, sanar, como decía el poeta romano Ovidio: “Es un alivio llorar; las penas se desahogan y son arrastradas por las lágrimas”. No lloro por débil, por el contrario, lloro, porque me reconozco fuerte en cada escollo y batalla superada. Mis lágrimas son la conexión de mi mente, mi cuerpo y mi espíritu.

Aunque me declaro abiertamente “lágrima fácil”, no quiere decir que la existencia deba reducirse a una mar de dolor perpetuo, por el contrario, en el proceso debemos utilizar nuestras herramientas acumuladas a lo largo de la vida: familia, amigos, deportes, pasatiempos y sobre todo el trabajo, para completar esos procesos necesarios de duelo.

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional, decía Siddhartha Gautama Buda.

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