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Letras de mayo

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Resumen

El autor rinde homenaje a su madre y a todas las madres al reflexionar sobre su fortaleza, sacrificio y amor incondicional. Destaca la dualidad de la maternidad, siendo tanto fuertes como vulnerables, y subraya el valor de la empatía que las madres enseñan a sus hijos.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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El día de la mujer vino a mi mente la imagen de mi madre, y por supuesto intenté retratarla en mis palabras para rendirle un grato homenaje, aunque corto y con vigencia durante mi existencia, y más allá, cuando nos encontremos de nuevo en el eterno.

Creí en la idea compartirlo ahora que regresa mayo, por si de pronto otras mamás y otros hijos encuentran afinidad con el retrato de mi madre, y de la misma manera honrar y recordar a miles de mujeres madres por naturaleza; a las mujeres que el destino las convirtió en madres, a las madres víctimas del abandono; a las madres que también son padres, y a las mujercitas que sin abandonar su infancia son madres al mismo tiempo.

La mamá es una victoria eterna para describirla, “mamá es una reflexión de amor vestida de mujer”, y el amor le concede al ser humano el derecho a equivocarse, y por lo mismo, la hace perfecta.

¿Cuándo conocí a mi madre? Cuentan quienes ayudaron a renovar la intimidad de mis primeros pañales qué la vieron feliz, muy feliz, al tenerme en su pecho cada vez que mis berrinches clamaban su seno.

El día que nací pude verla y quisiera recordarlo. ¿Cuánto diera por volver a encontrarme con esa mirada y vivir de nuevo ese mismo instante? Ella jamás olvidó mi llanto ni mi rostro suplicante que calmaba solo con apoyar mi cuerpecito en su pecho.

Quisiera recordar lo que vivimos, hablamos y sentimos antes de encontrarnos frente a frente, justo antes de entregarme la vida que tampoco me alcanza para retribuirle todo el amor con el mismo que me dio a luz su propia luz, y que hoy a tanta distancia brilla desde lo más alto. Unos decimos cielo, y otros más sabios decimos ángeles.

¿Cuándo conocí a mi madre? Cuando vi su fortaleza sin temblarle la mano para defenderme del frío, del hambre y de la vida. Conocí a mi madre, cuando ella ocultaba sus lágrimas por la impotencia de su dolor y del nuestro. Conocí a mi madre, cada instante que llenó de valor mi debilidad. Conocí a mi madre, cada vez que ordenaba la vida de nosotros, sus hijos, para llegar al colegio impecables y esperarnos de regreso a continuar su rol de madre sin despojarse de su misión y sumisión de mujer.

¿Cuándo conocí a mi madre? Cuando entendí que era una mujer tan fuerte como el roble y tan dulce como un pétalo de rosa blanca, exactamente como le encantaban. Varias veces pude verla hidratar su piel con lágrimas al maquillarse.

¿Cuándo conocí a mi madre? El día que me di cuenta que tenía en casa a una mujer inolvidable, maravillosa, fuerte y débil al mismo tiempo; la conocí, cuando entendí con sus ejemplos el significado de empatía, y entendí que Dios eligió para mí una mujer insuperable como madre, además de un ser humano extraordinario, como son todas las mujeres que merecen mucho más que un día de homenajes.

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