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Marco de política pública

El texto plantea que la política pública del nuevo gobierno busca reparar los daños del cuatrienio anterior y reconstruir instituciones, economía y confianza ciudadana.

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El texto plantea que la política pública del nuevo gobierno busca reparar los daños del cuatrienio anterior y reconstruir instituciones, economía y confianza ciudadana.

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Por: Jorge Echeverri

Algo bueno tenía que sacarse del siniestro cuatrienio que acaba de terminar: sirvió de base para instaurar, por parte del gobierno “milagro”, una gran política pública, entendida como ese repertorio de directrices, acciones y planes a ejecutar para rescatar al país del abismo en que lo dejaron y así poder dar luz verde a la esperanza, que es lo último que se pierde y que, efectivamente, estuvo a punto de perderse por cuenta de la salvaje maquinaria de corrupción montada para impedir que llegara el Tigre y fraguar el turno del candidato bolchevique.

El Tigre tenía de antemano lista su carta de navegación, que no era otra que desandar los mares picados de la ignominia previa y con una enorme draga borrar del mapa toda esa cantidad de maleficios, maledicencias e infamias que había construido Petro, sobre cuya personalidad muchos destacados sicólogos y comentaristas públicos coincidieron en calificar de “psicópata, mitómano y narcisista”, cuya Política Pública fue precisamente la construcción de un Estado inviable para la gente y que solamente coincidiera con el marco de los desvaríos propios de su condición humana.

Es triste constatar que una nueva política pública de gobierno tenga que montarse con base en la destrucción del aparato en el que se embutió otra, fallida, que trató de hacer el mayor daño en el menor tiempo posible, que pretendió, inútilmente, trastocar todos los valores fundantes de nuestra sociedad, de nuestra economía, aunque logró hacer muchos daños que tardaremos años en reparar. 

El terremoto Petro no duró casi 100 segundos, como el que nos zarandeó el 10 de agosto, sino ¡cuatro años! Pero, por fortuna, de la mano de la Divina Providencia, llegó Abelardo De La Espriella, el único que podía ganarle al inefable señor Cepeda, pues no existía mansa Paloma alguna que pudiera augurar un triunfo en las urnas. Y llegó en el momento crucial para barrer todos los escombros regados a lo largo y ancho de nuestro país, dentro de los cuales restos sobresalen los cadáveres insepultos de la seguridad, la salud, la paz, la honestidad, la justicia, la diplomacia, la educación, etcétera.

Características de una política pública de gobierno son la visión a largo plazo, la propensión por el bienestar y, no menos importante, la construcción conjunta, a manera de sintonía perfecta entre las autoridades públicas de todas las regiones y los ciudadanos de bien, los gremios, empresarios y la academia, todo lo cual se ha logrado magistralmente dentro del liderazgo, capacidad de trabajo y perfecta afinación que emana de un Tigre que marca territorio, repasando diariamente todas las zonas del país, empezando por las más afectadas por el terremoto reciente y por el anterior, cuando el primer mandatario trabajaba en contra de las regiones y era el principal enemigo de los alcaldes -incluyendo el de la capital- y gobernadores que no eran de sus afectos.

Post-it. Septiembre 11, hace 25 años: imposible dejar de recordar el día en que nació una nueva etapa, para terminar con la Era Contemporánea y dar paso a la “Era del Terrorismo”, todo por cuenta de un salvaje islamista llamado Osama Bin Laden, que volvió trizas las emblemáticas Torres Gemelas en el Bajo Manhattan de Nueva York.