Médico que eliminó a asaltantes en un puente cuenta su versión cuatro años después
Resumen
Un médico, conocido como Juan Carlos, relata cómo defendió su vida durante un atraco en Bogotá hace 4 años, con saldo de tres asaltantes muertos. Acepta que este suceso ha tenido un impacto significativo en su vida personal y profesional.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)Un episodio de valentía y supervivencia se recuerda a cuatro años de haberse suscitado, cuando un médico, en acto de defensa, repelió un atraco en un puente peatonal al norte de Bogotá, resultando en la muerte de tres asaltantes.
El suceso causó gran revuelo nacional, y el médico cirujano involucrado, hasta ahora reacio a hablar con medios, ha decidido romper el silencio en una entrevista exclusiva con SEMANA, manteniendo su identidad en la sombra.
El doctor, a quien llamaremos Juan Carlos para proteger su identidad, reflexionó sobre la vida y la muerte y los eventos que estuvieron a punto de costarle la existencia. "El veredicto de los cielos fue a mi favor por alguna razón que desconozco," confiesa, recordando cómo enfrentó a los criminales ese fatídico día.
Con respecto a la noche del incidente, comenta: "Algunos temerarios lances que me hacían los maleantes... parecieran en retrospectiva como si fueran en cámara lenta." Juan Carlos también rememora el pensamiento de haber sido impactado por las balas debido a lo cercano que estaban sus atacantes.
Sobre cómo ha cambiado su vida tras el altercado, admite: "...es mucho mayor de lo que pensé inicialmente", añadiendo que los efectos son vastos, afectando su esfera profesional y familiar. A pesar de presentarse voluntariamente ante la justicia y cumplir todos los procesos legales, reconoce el peso de estos eventos en su existencia.
Concerniente a las opiniones de que actuó ejerciendo "justicia por mano propia," Juan Carlos aclara: "...un ciudadano que se mueve a la luz de la legalidad tiene en su haber algunos derechos que puede ejercer dentro del territorio patrio...", subrayando el derecho a la legítima defensa consagrado por la ley.
Finaliza señalando la ironía de una sociedad acosada por la delincuencia, donde resulta sorprendente que el ciudadano honesto prevalezca sobre los criminales. Con este testimonio queda claro que, para él, la autodefensa no solo fue un acto de coraje sino un imperativo legal y moral ante una amenaza inminente.