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Nuestro Quindío y su espléndida calidez

El Quindío destaca por su riqueza natural, cultura cafetera y tradición arriera, consolidándose como un destino emblemático del Eje Cafetero.

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El Departamento del Quindío es un protagonista de vanguardia en el ámbito nacional. Y esto porque sus tierras por excelencia cafeteras y sus gentes lo hacen exageradamente atractivo. Es por su extensión un pequeño y novel departamento, con enormes riquezas naturales y con un espíritu regional costumbrista y nacional, que lo convierten en un pequeño paraíso, en pleno eje cafetero del país junto a los departamentos de Risaralda y Caldas.

Por Jaime Leal Afanador* / EL FRENTE

Si a usted le encanta la vida familiar, de campo, agrícola, de valores tradicionales y entornos muy seguros, el Quindío puede ser el lugar soñado. La calidez y hospitalidad de sus gentes, la cultura del café y el verde del paisaje y sus árboles con todas las tonalidades, pueden ser los tres conceptos que mejor caracterizan a este joven departamento de solo 60 años de vida institucional y el más pequeño de la Colombia continental, con su capital, Armenia y los municipios de Buenavista, Calarcá, Circasia, Córdoba, Filandia, Génova, La Tebaida, Montenegro, Pijao, Quimbaya y Salento.

Allí está nuestro emblemático árbol nacional: la Palma de Cera y sus 60 metros de altura, el Yarumo, el Valle del Cocora y el reconocido por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad: El Paisaje Cultural Cafetero, así como el Parque Nacional de la Cultura Agropecuaria -PANACA, el Jardín Botánico del Quindío y el Mariposario (Calarcá), entre otros.

Quindío se llama así por herencia del vocablo quechua q’inti, que significa colibrí, y del sufijo español “ío”, que indica abundancia. Aunque no es la región con más colibríes, su abundante presencia, además de dar aún más color, contribuye con la polinización de numerosas especies vegetales y el control natural de insectos, dentro de un muy agradable clima.

No en vano todo este paisaje ha sido calificado como el más fotografiado de todos los departamentos.

Su ubicación geográfica, en la Cordillera Central, hace del Quindío el epicentro de comunicación entre Risaralda, Caldas, Valle del Cauca y Tolima, y paso obligado de turistas y de todo el comercio de carga que circula entre la capital Bogotá y el Puerto de Buenaventura a través del paso del Túnel de la Línea y el Alto de la Línea; una obra de infraestructura que, por muchos años, fue un reto incómodo para muchos transportadores y que hoy se vuelve un agradable tránsito terrestre.

Pero esta región ofrece mucho más. Además de reflejar la tradición arriera y emprendedora que tanto aportó a la cultura agrícola del país con el café, y de esa bien llamada vida “montañera” (apasionada por su tierra, sus frutos y recuerdos), la identidad mestiza y diversa del Quindío (heredera de indígenas quimbayas, colonización antioqueña, y las mezclas afrodescendientes y españolas) los y las hace comprometidos y laboriosos colombianos.

Y ni hablar de la belleza arquitectónica, colorida y geométrica de Salento y Filandia, que con madera, guadua y tierra formaron el bahareque con colores intensos, que inspiran el recuerdo de la tradición y la estética, así como del sello propio que da el “Yipao”, esa costumbre en la que los Jeep Willys, viejos vehículos llegados al país tras la Segunda Guerra Mundial, sorprenden nuestro raciocinio al ver cómo los llenan, a más no poder, de trasteos con productos agrícolas, muebles, animales, herramientas, objetos cotidianos, espejos, cuadros del Sagrado Corazón de Jesús, y de encime toda la familia.

Ese entorno bucólico, placentero, simple pero pleno, inspiró la creatividad entre cientos de poetas como Baudilio Montoya Botero y Carmelina Soto Valencia, escultores como Roberto Henao Buriticá, humanistas como Euclides Jaramillo Arango, y artistas como María Teresa Hincapié, entre otros hijos ilustres de este departamento. Su sangre resiliente y trabajadora corrió también por las venas de los más de medio millón de habitantes que, en 1999, padecieron un desastroso terremoto, del que solo queda el ingrato recuerdo, y que gracias a este espíritu laborioso y creativo les permitió superar las dificultades y repotenciar la región como un gran destino de turismo cafetero y de ecoturismo, gracias a la ciencia y la tecnología también se da el aprovechamiento de la guadua para la construcción antisísmica.

Aunque el Quindío se antoja como un oasis, no está inmune a complejidades sociales y económicas, al riesgo de la violencia, la competencia regional, el subempleo, el envejecimiento poblacional y la necesidad de generar nuevos recursos. Ese es un reto de la academia y sus dirigentes, para asegurar la continuidad de esta hermosa, tranquila y próspera tierra. Nuestra Universidad ya hace presencia allí para contribuir a formar líderes de espíritu y gestión transformadora. *Rector UNAD