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Padres e hijos

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Por: León Sandoval-Ferreira

Los adultos, en gran medida, son la obra de sus padres, no es una aseveración inmutable. Los padres juegan un papel decisivo en el desarrollo psicológico, la salud mental y el equilibrio emocional de los hijos. En la interesante película Hillbilly, una elegía rural, (2020), dirigida por Ron Howard (1954), elenco de lujo, encabezado por Amy Adams (1974), Glenn Close (1947) y Gabriel Basso (1994), inspirada en la historia autobiográfica de J.D. Vance es posible analizar esta hipótesis e incluso confirmarla.

La película discurre en la técnica del flashback y narra la historia de J.D. Vance, un brillante estudiante de leyes de la Universidad de Yale, cercano a cumplir sus sueños, debe atender una crisis de su heroinómana madre. Situación que le lleva a confrontar su ciclo vital en una comunidad rural del estado de Ohio en los Estados Unidos y su difícil relación con Bew, madre desde temprana edad, rebelde hacía sus padres y al sistema, promiscua y consumidora habitual de sustancias tóxicas. La película también permite entrever la difícil relación de pareja entre los abuelos del protagonista, que en su juventud huyen de sus casas paternas.

La película muestra los ciclos de la violencia intrafamiliar, las diferentes formas de abuso físico y psicológico de una madre a su hijo. Una madre inestable emocionalmente y drogodependiente que con su toxicidad puede arruinar la vida de su hijo por muy brillante que éste fuere. La película permite arribar a la temprana conclusión que las personas no nacen buenas, ni malas: Simplemente nacen y son las circunstancias bio-psico-socioculturales las que influyen en su desarrollo. Los valores y principios se decantan a partir del entorno.

La Familia, y en particular el papel de los padres viene a ser fundamental en el desarrollo de los hijos. Padres emocionalmente inestables, con problemas de conducta, con dependencia psicoafectiva, difícilmente podrán ser buen ejemplo y garantizarán un espacio benigno para la crianza de los hijos, y éstos a su vez, reproducirán esas maneras maltratadoras sobre sus hijos, no obstante, el amor o la percepción de ese amor insano que les proveen. La película reproduce el ciclo que va de abuelos a hijos, y de hijos a nietos.

Bew no sólo es una mujer emocionalmente inestable, que requiere del amante de turno para sentirse segura, lo que refuerza con el consumo adictivo de medicinas que sustrae de sus pacientes en el hospital en el que trabaja. Tiene una vida fracturada desde la infancia, que en su adultez repite el patrón para con sus propios hijos, al punto que, termina por ser una hija más y un yunque para sus propios hijos.

La salud mental es fundamental en el proceso de educación de los hijos. Un niño cuyos padres no gocen de buena salud mental, difícilmente podrán tener entornos saludables. El protagonista de la película estaba irredimiblemente condenado a repetir el ciclo vital de su madre y sus abuelos, pero en un acto de grandeza, su abuela, Mammaw, protagonizada por la estelar Glenn Close, hace cuentas retroactivas y enmienda los yerros cometidos para con su hija, al hacerse a cargo del hijo de ésta, su nieto adolescente.

J.D. hace las paces con el pasado, decide ir por su futuro, valorar su propia vida, sin descuidar a su madre en problemas, mas no se entierra con ella, antepone sus estudios y su proyecto de vida. Lo que seguramente debió ser auspicioso, la película no lo exhibe; hoy, James David Vance, es un flamante senador de los Estados Unidos.

No es fácil ser padre, no hay cursos para ello. La mayoría aprende a ser hijo el día que empieza a ser padre. Los padres biológicos no eligen a sus hijos, son los hijos los que los eligen. Esa es una asignatura que cuesta sudor, dinero, trasnochos, lágrimas y hasta sangre. Cuando hay diálogo, equilibrio mental, perdón, reconciliación, disciplina y, sobre todo, mucho amor los niños se convertirán en adultos sanos y equilibrados. Un niño roto, emocionalmente fracturado, será un adulto que, difícilmente se podrá reparar.

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