Paro por avalúos aprieta al campo: avicultores alertan riesgo en la cadena alimentaria por bloqueos en Santander
Resumen
Bloqueos por el paro en Santander dificultan el transporte de alimento y aves, y Fenavi advierte riesgo para la cadena avícola y el abastecimiento.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Mientras en las carreteras de Santander el ruido de la protesta se mezcla con filas interminables de vehículos detenidos, en las granjas avícolas comienza a sentirse otro tipo de presión, más silenciosa pero igual de crítica: la del tiempo. Porque en este sector, cada hora cuenta, cada retraso pesa y cada bloqueo se traduce en un eslabón que amenaza con romperse en la cadena alimentaria.
Por Camilo Ernesto Silvera Rueda - Redacción Política / EL FRENTE
La Federación Nacional de Avicultores de Colombia levantó su voz en medio del paro nacional motivado por el aumento en los avalúos catastrales, una protesta que tiene en Santander su epicentro más intenso y que ha comenzado a golpear no solo a quienes marchan, sino también a quienes producen.
El pronunciamiento del gremio no desconoce el origen del malestar. Por el contrario, reconoce que existe una preocupación legítima en el sector campesino y comercial frente al incremento de los avalúos. Sin embargo, advierte que la forma en que se está desarrollando la protesta está generando efectos colaterales que ya se sienten en uno de los sectores más sensibles de la economía: la producción de alimentos.
Y hay que tener en cuenta que Santander no es un territorio cualquiera dentro del mapa avícola. Es, en muchos sentidos, uno de sus corazones productivos. Allí se concentran cerca de 57 millones de aves distribuidas en más de 1.200 granjas, lo que representa alrededor del 23 % de la producción nacional de pollo y huevo. Una cifra que no solo habla de volumen, sino de responsabilidad: lo que ocurre en estas tierras impacta directamente lo que llega a la mesa de millones de colombianos. Y es precisamente esa conexión la que hoy está en riesgo.
“Los bloqueos en las vías han comenzado a dificultar el transporte de alimento hacia las granjas, una operación que no admite pausas. Las aves no pueden esperar. Su ciclo productivo sigue su curso con una precisión casi biológica que no entiende de cierres viales ni de protestas prolongadas. Cuando el alimento no llega a tiempo, el impacto no es gradual: es inmediato”, indicó a EL FRENTE un portavoz gremial quien explicó que a esto se suma otra tensión igual de delicada.
“Las aves que ya han cumplido su ciclo deben ser trasladadas hacia las plantas de procesamiento. Si ese movimiento se interrumpe, el sistema se congestiona. Lo que debería salir, se queda. Lo que debería entrar, se retrasa. Y en ese desajuste, toda la cadena comienza a resentirse”, expresó el dirigente gremial quien describió el momento como un desafío logístico que amenaza con escalar si no se toman medidas urgentes.
“No se trata solo de pérdidas económicas, sino de la posibilidad de afectar el abastecimiento, los precios y la estabilidad de un sector que opera bajo condiciones de continuidad permanente”, indicó Fenavi en sus declaraciones y agregó que s bien le pide al gobierno un tono firme, también le exige prudencia.
“El llamado es garantizar la movilidad en las vías y a evitar las vías de hecho como mecanismo de presión. No desde una posición de confrontación, sino desde la preocupación de quien ve cómo una crisis puede extenderse más allá de su origen. Las inconformidades deben tramitarse por canales institucionales. Es una invitación al diálogo, pero también una advertencia implícita sobre los costos de prolongar un escenario de bloqueos”, puntualizó Fenavi.
Lo que se vive en Santander refleja una tensión más amplia. De un lado, un sector rural y comercial que se siente golpeado por decisiones catastrales que impactan directamente su economía. Del otro, una cadena productiva que depende de la movilidad constante para no colapsar.
En ese cruce, el país enfrenta una de esas paradojas incómodas: una protesta que busca defender la sostenibilidad económica de unos sectores, pero que al mismo tiempo pone en riesgo la estabilidad de otros.
Mientras tanto, en las granjas, el reloj sigue avanzando. Las aves siguen su ciclo. Y el sistema, como una maquinaria delicada, espera que las carreteras vuelvan a abrirse antes de que el impacto deje de ser una advertencia… y se convierta en una consecuencia.